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martes, 8 de noviembre de 2011

Las ruinas circulares-Jorge Luis Borges

Fotografía: Harold Edgerton







Las ruinas circulares



Jorge Luis Borges









Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

viernes, 29 de julio de 2011

Proximamente....



THOMAS MANN



Las con­si­de­ra­cio­nes son el dia­rio de Mann durante la Pri­mera Gue­rra Mun­dial. Por pri­mera vez, el escri­tor se com­pro­mete en el debate ideo­ló­gico, exal­tando los valo­res que creía ame­na­za­dos. Defiende aquí una «cierta idea de Ale­ma­nia», cri­tica los tópi­cos vir­tuo­sos de la pro­pa­ganda de los Alia­dos, pala­di­nes de la demo­cra­cia, y afirma que existe una opo­si­ción irre­duc­ti­ble entre la cul­tura y la «civi­li­za­ción» de sus adver­sa­rios. La cul­tura se ocupa del alma, es pro­pia de un país y se dirige al indi­vi­duo. La civi­li­za­ción, preo­cu­pada por el pro­greso téc­nico y mate­rial, es inter­na­cio­nal y sólo se interesa por las masas. Nos con­duce direc­ta­mente al reino del termitero.

Este pan­fleto anti­de­mo­crá­tico se trans­forma a veces en una defensa muy dis­cu­ti­ble del nacio­na­lismo ale­mán, pero con­tiene tam­bién un elo­gio de la iro­nía y pági­nas impre­sio­nan­tes sobre filó­so­fos como Scho­pen­hauer y Nietzs­che, músi­cos como Wag­ner y Bizet, escri­to­res como Tols­tói, Dos­to­yevski, Flau­bert, etc. En defi­ni­tiva, un libro que se presta a la dis­cu­sión y a la crí­tica, un docu­mento capi­tal sobre una cri­sis de civilización.


Fuente: Conejoblanco Galeria de Libros

sábado, 2 de julio de 2011

Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov and the Art of the Self-Interview
by Sarah Fay



Today, as you may know, is the thirty-fourth anniversary of the Russian-American writer Vladimir Nabokov’s death. There won’t be parades, but there will be an abundance of talk, mainly on NPR, about his most famous novel Lolita or his penchant for butterflies.







Excellent article written by Sarah Fay about the thirty-fourth anniversary of the Russian-American writer Vladimir Nabokov’s death, for read the complete article link here:

Congreso sobre Arguedas en UNMSM







Del 4 al 8 de julio de 2011 se realiza el Congreso Internacional ‘Los universos Literarios de José María Arguedas’ en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El ingreso a las actividades es libre.

























domingo, 8 de mayo de 2011

Los Beatles

Fotografia: © Don McCullin.



El libro Un día en la vida de los Beatles reúne 88 imágenes, muchas de ellas inéditas, del mítico cuarteto musical de Liverpool. Todas ellas fueron realizadas un día de julio de 1968 por Don McCullin, uno de los fotógrafos de guerra más importantes del siglo XX.

Aquel verano, los Beatles estaban en lo más alto de su carrera, en plena grabación de The White Album, y además se habían convertido en iconos para una inquieta generación que afrontaba un agitado momento político y social: corrían los tiempos del mayo francés, la guerra de Vietnam, la Primavera de Praga, el asesinato de Robert Kennedy...

La sesión de fotos nos muestra la faceta más espontánea de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr en diversos escenarios de Londres: el edificio del Sunday Times, un parque al norte de King's Cross, el East End, Cable Street, Whitechapel y Limehouse, para acabar en la casa de Paul McCartney, en St John's Wood.

El libro incluye un texto de Paul McCartney, escrito en mayo de 2010, y otro de Don McCullin, donde nos cuenta la inolvidable experiencia de aquel divertido e inesperado día.


Fuente: La Fábrica Editorial

sábado, 7 de mayo de 2011

Feria del Libro por los 460 años de la Universidad de San Marcos

Fotografía: UNMSM







En el marco de las celebraciones por el 460 aniversario de fundación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el Centro Cultural de esta cuatricentenaria casa de estudios realizará, en coordinación con la Cámara Peruana del Libro, la Feria del Libro por los 460 años de la UNMSM.

Del 7 al 15 de mayo, de 9:00 a.m. a 8:00 p.m., la Explanada del Parque Universitario, frente al Panteón de los Próceres, será el escenario en el que el público podrá visitar 26 stands, dónde se exhibirá lo mejor de las novedades editoriales, entre libros especializados, clásicos, literarios, científicos, infantiles y juveniles, es decir, miles de títulos de libros originales de todos los géneros.

Presentaciones culturales

En el programa cultural de esta feria, hay una presencia importante de actividades sanmarquinas como la presentación del vigésimo número de la revista Arqueología y Sociedad y el Cuaderno de Investigación del Archivo Tello Nº 8, publicaciones que edita el Museo de Arqueología y Antropología de San Marcos. También se presentarán las colecciones de las revistas Visionario, Folklore, Arte, Cultura y Sociedad y Butaca de la Biblioteca España de las Artes, Centro de Folklore y Dirección de Cine y Producción Audiovisual del Centro Cultural de San Marcos, respectivamente.

Asimismo, se llevarán a cabo conversatorios, conferencias y presentaciones artísticas a cargo de las Banda Universitaria de San Marcos y del Centro Universitario de Folklore, dependencias sanmarquinas que participarán con un festival de danzas, recital de boleros, un homenaje criollo a nuestra universidad, el espectáculo “Salsa Urbana”, entre otras actividades.

Expositores

En la feria se harán presentes importantes empresas ligadas a los libros, entre sellos editoriales, librerías, distribuidoras y anticuarios como Fondo de Cultura Económica, Librerías Crisol, V & D Distribuidores, Los libros más pequeños del mundo, Ideal, Librería Contracultura, Instituto de Estudios Peruanos, Zeta Bookstore, Librería El Aleph, Importadores y Distribuidores Peruanos, Distribuidora Gutiérrez , Ediciones Caballero Bustamante, Vlacabo y El Aleph.

Participarán también los fondos editoriales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, la Universidad Nacional de Ingeniería y la Universidad de San Martín de Porres.

La UNMSM contará con un stand en el que se podrá apreciar y adquirir la producción editorial de la Decana de América.


Fuente:RPP Noticias

viernes, 1 de abril de 2011

El problema del Perú es...su gente, nosotros de Brenda Galagarza

Fotografia:Cherman
Hay gestos y entonaciones que uno suele recordar con mayor precisión que las palabras mismas. “El problema del Perú es su gente” me dijo un alumno y en su tono de voz, en su cuerpo, solo podía evidenciarse algo: que hay gente que le gustaría que no forme parte del Perú porque, así, el problema de nuestro sufrido país desaparecería (o sería otro). Intenté no prejuiciarme y le pregunté qué quería decir su frase. En efecto, era lo que ya venía sospechando. Este joven alumno y votante puso en evidencia un tema que, desde mi perspectiva, pasan por alto mucho de los electores o que, en el peor de los casos, ni siquiera consideran al momento de decidir su voto: la idea de Perú, eso que desde antiguo ya viene intentando forjarse, esa posibilidad de la que hablaba Basadre, esa revisión de nuestra historia y sus condiciones económicas de las que habló Haya de la Torre. El profesor Miró Quesada decía algo que me parece más que pertinente para nosotros, los votantes: bueno fuera que el principio de contradicción (la imposibilidad de aceptar A y no A a la vez y en el mismo sentido) sea un asunto que no trasciende la lógica de nuestro pensamiento, sin embargo, lo que es más relevante es que sus implicancias éticas nos deben obligar a hacernos cargo de nuestras decisiones con todo lo que ellas involucran. Es esa aplicación del principio de contradicción, quizá la única que vale la pena, la que motiva estas líneas. Porque ser contradictorios, hoy, es un error mortal para nuestro país, para los que nos importan. Un lujo innecesario. ¿Qué tanto sabemos de las ideas, creencias o prejuicios que se esconden detrás de nuestras elecciones? ¿Hemos reflexionado sobre ellas? Dice la gente que no entiende cómo hemos podido llegar a un escenario donde Humala y Keiko Sofía estén liderando la intención de voto. ¿Realmente no lo entieden? Cabe un intento de explicación entonces. Dicen los estudiosos que dentro de los muchos problemas que tiene nuestro país hay uno que recrudece nuestros afectos y nuestros odios y que nos atrasa como nación. Colonialismo le dicen los que saben. Lo cierto es que en el Perú se respira un aire falsamente señorial donde quienes siempre tuvieron más, siguen teniendo más y los que nunca tuvieron nada siguen sin tener nada. Desde nuestra fundación como país tenemos ese problema. No es huachafería, no es sentimentalismo ni paternalismo. Así es el Perú. Gracias a los sistemas políticos y económicos que nos han gobernado hemos seguido reproduciendo esa lógica tan insensata como cruel. Sabemos que han habido momentos históricos que intentaron cambiar esta constante pero fracasaron y su fracaso no significó solo un retroceso sino también una huella discriminatoria, resentida y desconfiada que aún no superamos como país. Según estudios del 2005, somos el segundo país en el mundo con menor índice de confianza en el prójimo. La confianza, por cierto, según el Banco Mundial es el primer índice de desarrollo en un país. Aquí, en los límites de nuestro país, la gente no confía ni en su madre. Votar es un acto de confianza, confianza en un proyecto, confianza en una persona, en sus acompañantes, en un partido. ¡Vaya tarea que nos espera! Humala representa a ese grupo de gente que ha sido espectorada del proyecto Perú por una serie de gobiernos, por el Estado todo. ¿Y esto nos debe sorprender? Sorprendidos deberíamos estar de nuestra propia sorpresa que peca de inocente, de soberbia. Dicen también que cada pueblo tiene al gobernante que se merece; pues sí: el olvido por la masa mayoritaria en el Perú nos está cobrando la factura. Nos guste o no, es una factura justa y hay que pagarla. ¿No entendemos entonces? No, sí debemos entender. Pero hay personas que viven en una nube que no se llama Perú, se llama Lima. Creen que reclamar el derecho de los siempre excluídos es exagerado. El bienestar individual no es el bienestar nacional. Ya lo dicen los organismos internacionales: en el Perú hay una falsa comodidad económica mal distribuida. ¿Cómo ha pasado esto? Varias cosas: mala gestión estatal y modelo de producción primario, relación del Estado-empresa, entre otros. Cuando uno pregunta quién se considera de derecha, muchos –y alegres- dicen serlo. ¿Qué implica serlo? Digo, no hay nada de malo en ser de derecha, como en ser católico o protestante. Nada. Hay una frase un poco huachafa que le oí a Gastón Acurio hace un tiempo: “en un país tan pobre como el Perú es un deber ser de izquierda”. Veamos. Los peruanos de derecha ¿qué defienden? ¿Libertad de expresión? ¿Democracia? ¿Derechos fundamentales? Algunos creen que eso es ser de derecha. No señores, eso es ser humano, nada más. Ser de derecha significa defender un modelo de proceso de producción (en nuestro caso: manual, rural y extractivo-agrícola); privilegiar una forma de propiedad respecto a estos procesos de producción (privada, internacional generalmente en nuestro caso) y manejar de una forma preestablecida los ingresos recibidos por la distribución (canon, impuestos, regalías administrados y recibidos por las urbes o el Estado encargadas de la redistribución). El asunto es el siguiente, en otros países que aplican este sistema sus procesos de producción son más bien del orden intelectual (como Alemania) y no del orden extractivo sino productivo (como China, Brasil, Israel). La propiedad sobre estos procesos de producción se establece, al menos en los rubros estratégicos, por empresariado nacional si no por el Estado mismo (Brasil, Chile) y los ingresos por la distribución de esta producción estratégica revierte inmediatamente sobre la población local toda vez que se trata de actitvidades productivas y no meramente extractivas (gobernadas por un Estado pequeño pero eficiente en sus mandos gerenciales). En el Perú se vive soñando que se está en Europa. Esta forma de manejar el Estado no es aplicable, en su versión extractiva, manual, agrícola, privada, extranjera e ineficiente, a nuestro país, porque, de ese modo, siempre seremos un modelo dependiente de guerras, conflictos y gustos de mercados externos. No hay que olvidar que nuestros vecinos de la región administran desde el Estado actividades que se consideran de interés nacional: puertos y comunicaciones en general, hidrocarburos también. Pero en el Perú hay gente qué dice “¿y qué tanto pues?”. Ni siquiera Estados Unidos (que ha mostrado que el modelo puede colapsar) deja en manos externas lo que es de importancia nacional. ¿No es nacionalismo el de Estados Unidos? Lo es, pero nadie diría que es socialismo, ¿o sí? Bueno, no es pecado ser de derecha. Es más, debe haber gente de derecha en este país. Pero, si la hay, debe ser consciente de qué es lo que defiende. Y debe ser consciente también que la aplicabilidad del conservadurismo de su ideología puede traer confictos en una realidad tan distinta cultural, social y étnicamente como la del Perú. Pero bueno, ahí está la derecha agarrándose de sus ilustres representantes: Keiko Sofía y PPK. Ciertamente Keiko y el fujimorismo calzan en la definición de “arroz con mango” pero, quizá exagero, representan los más firmes firmes deseos de la derecha: cristianismo, conservadurismo, promoción de empresas sobre todo del rubro extractivo. Claro, a la derecha fujimorista le conviene también otra cosa: no invertir en la producción de tipo mental. No conviene invertir en las mentes y almas de la juventud. No conviene que piensen. El populismo remedia los males del cuerpo y con eso se calma la mente. Y claro, como es una arroz con mango, cree que la libertad de expresión, respeto a los derechos fundamentales de las personas, respeto irrestricto por la institucionalidad de un país son asuntos casi decorativos, estupideces que se le ocurren a esos que se les ha dado por ser tolerantes. Huachafería de los caviares, moda homosexual y débil, permisividad. Estos son algunos de los ‘argumentos’ del núcleo duro del fujimorismo. Y ese núcleo duro no está mayoritariamente en Lima sino en provincias. Alguna vez, ruta a Yauyos en la sierra de Lima, tuve la oportunidad de darle un aventón a una señora. Sorprendida de que dos jóvenes anduviéramos por la zona (inaccesible aún en camioneta) nos contó que ningún gobierno se preocupaba por ellos (mucho menos Alan que acababa de asumir el mando hacía poco más de un año), en cambio, Fujimori iba a las orillas del río Cañete y pescaba trucha con ellos. El Chino era como ellos. Concluía la señora que lo que necesitaba este país no eran sujetos que hablaran bonito y prometieran el oro y el moro, sino, autoridades de mano dura ‘que hagan lo que se tenga que hacer’ para estar tranquilos, que se acuerden de los que más necesitan. Señora, le digo, sin ánimos de incomodarla, pero Fujimori mató gente y robó. Sí, me responde, pero era como uno. Este es el núcleo duro del fujimorismo. El apoyo a Keiko Sofía en las ciudades, sobre todo en Lima, se come con otro cubierto. Es el apoyo de clases altas que agradecen con intereses los ‘servicios’ fujimontesinistas y están en la disposición de hacerse de la vista gorda con hechos innegables y hoy felizmente ya condenados en pos de un sistema de mano dura. ‘Se tenía que hacer’ dicen, ‘es el precio que se tenía que pagar’. Claro, están mirando un bien mayor: “un mal menor para un bien mayor es siempre preferible”. Analicemos: el bien mayor atribuido a Fujimori es ‘la pacificación nacional’ (si pudimos con el terrorismo por supuesto que podremos con la delincuencia dice Keiko Sofía, leyendo el discurso que desde esas cuatro paredes de ensueño le escribe su padre). ¿Pero esto es así de cierto? ¿El argumento más recurrente de los defensores de la señora de Vito (como Vito Corleone, ¡valgan casualidades!) es tan cierto? Sé que poco o nada queremos reconocerle al primer gobierno de García, no obstante, valgan verdades, fue en ese entonces cuando se creó el GEIN. Benedicto Jiménez al mando organizó una verdadera inteligencia que dio con la captura de mandos inferiores en un inicio, mandos medios más tarde y cabecillas en los momentos más álgidos de la guerra interna. Sí, fueron ellos. Atinó Fujimori en no desarmarlos. La ‘inteligencia fujimorista’ más bien, disparaba a matar, terroristas como campesinos. Costo de guerra le dicen. Debe ser que no pagamos ningún ‘costo’ o que nos importa tan poco lo que se tuvo que pagar. Hace unos días Rafael Rey, flamante primer vicepresidente de la plancha de la señora Keiko Fujimori de Vito, dijo (y ya lo ha dicho antes) que el informe de la CVR es un desastre, un invento, una moda de los caviares. En el plan de gobierno de Keiko Sofía, por cierto, no figuran las conclusiones de la CVR, habrá que pensar que esto sucede porque no creen en ellas. Bueno, si Fujimori no hizo lo que realmente dicen que hizo, ¿qué hizo entonces? Puso en azul nuestra economía. Cuestionable. Pero digamos que lo hizo. ¿Qué país recibimos en el 2010 vía fax? Doña Keiko ¿qué capacidades demuestra tener? (apellidarse Fujimori no es una capacidad). La idea de Perú que manejan los fujimoristas parece centrarse en eso que la señora humilde de Yauyos rescataba: estar cerca del pueblo. La pregunta que como elector debemos hacernos es: ¿y es esto lo que queremos del Perú? He escuchado a muchos fujimoristas en ánimos desalmados y pesimistas que dicen, creo que alegremente, que este país es una basura, que todo está mal, que nada vale la pena. Pues concedámoselos aunque no pensemos así. ¿Cuál es el plan entonces? ¿Perpetuar las heces en las que nos embarró Fujimori? Tan solo la violación masiva de los derechos fundamentales de miles de peruanos que, por poca fortuna, nacieron detrás de los andes en país discriminador y centralista como este, tan solo esto sirve para descalificar no a Keiko sino el proyecto en tu totalidad. ¿Keiko está arrepentida? ¿Qué hacen en su lista congresal y en su equipo técnico personas que permitieron el baño de sangre del gobierno de su padre? Sí, Keiko Sofía ha cambiado: ha dejado de ser la niña que esperó la oportunidad para mamar del poder (cuando se hizo de la vista gorda con los lamentables hechos sufridos por su madre) para ser hoy la típica política que vive de nosotros, que mama de nosotros…la loba con piel de cordero. Vaya que ha cambiado. Y está la otra derecha, la de PPK. Sobre esta derecha ya hablé. Es justamente la que defiende modelos bananeros de falso crecimiento económico, de la burbuja sentimental y ficcional de satisfacción económica. Un hijo que recibe dinero mensual de su padre acaudalado debe sentirse el rey del mundo. No obstante, muerto el padre, ¿qué sabe hacer el hijo? ¿cómo generará dinero para sí mismo? No podemos seguir viviendo de crecimientos falaces. Es cierto que se ha avanzado muchísimo en agroexportación pero seguimos siendo exportadores de materias primas. Los minerales, el gran salvadidas del Perú, es una actividad cuyo éxito depende principalmente del mercado mundial. Nuevamente, se fomenta lo manual y lo extractivo. Se ha creado el mito que dice que la empresa salvará al Perú. ¿A qué Perú? No podemos acabar con las empresas pero sí podemos preocuparnos por fomentar la formación de empresas nacionales con producción en valor agregado (intelectual-manual). Y esto no está en plan de PPK. La mirada economicista, liberal, ortodoxa, mundializada y gringocéntrica lo hace ver el Perú como algo que no es. El modelo de PPK podría aplicarse en otros países, otros que no tengan las peculiaridades del nuestro. Pero el Perú es diferente. Eso es lo que no nos gusta entender. ¿El problema del Perú es su gente? Sí, es su gente que ve una parcela de su territorio, que olvida a los menos privilegiados en la cadena de producción y distribución. Pero ellos son el Perú y quizá más que nosotros, que sí tuvimos la oportunidad de insertarnos en la clase media. Modelos acumulativos en un país donde falta distribuir, sí, eso es un pecado, la gula que le dicen. Y bueno, no votaría por quien lleva a su lado al PPC, el más conservador de los partidos en el Perú. No creo que la libertad y la igualdad sean huachafería de caviar. Tampoco imagino un gobierno promotor de empresa nacional ahí donde la cabeza tienes vínculos tan fuertes –ahora lo sabemos- con First Capital. Y no es exageración y sí tiene bastante de malo pretender que un personaje así gobierne un país como este. Sí, es una custión moral que nos corre en la venas a algunos: no es falso nacionalimos, no es tufillo izquierdozo. No. Sensatez. Un modelo como este en un país como el nuestro es negar lo evidente, negar que no hay distribución y que se perpetua el chorreo disparejo. Eso implica votar por PPK. No es solo votar por el más capo (votemos por Montesinos entonces), ni por el mejor, ni por el que sí sabe cómo hacerlo (bajando el IGV como si de recaudación fiscal viviera el Perú). La inversión en buena, sí, pero veamos qué tipo de inversión y no nos sobreexcitemos tan solo oyendo la palabrita mágica. ¿Cambiamos de modelo entonces? Desde mi perspectiva, eso es una ilusión. Humala tampoco quiere cambiar el modelo, sabe que no puede. ¿Lo han vuelto un cuco? Sí. Un cuco que nosotros como sociedad colonialista hemos parido. Hijo de nuestras entrañas más injustas, más discriminadoras, más colonialistas. Puede estar equivocado en algunas cosas, para mí la principal es la diversidad de opiniones que recoje su proyecto. Gente de “todas las sangres” conforma su lista de técnicos y congresal. Es una variedad que desorienta. Sigue preocupándome el crecimiento del aparato estatal que proponen con la finalidad de generar una mejor gestión en rubros estratégicos. Me preocupa más que muchos de los ingresos destinados a sus proyectos sociales más importantes (y varios de ellos interesantes y necesarios, aún cuando necesiten una reingeniería) estarías solventados en una serie de impuestos un tanto utópicos de lograr. Los especialista coinciden en señalar que en las arcas estatales hay dinero pero no hay gestión. Hacer crecer el Estado me parece irresponsable y sí, eso sí, peligroso. No tendrá mayoría en el congreso por lo que muchos de los cambios que pretende hacer no serán posibles y por ende sus propuestas no podrán ver la luz. Creo que políticamente no representa la mejor versión de lo que la izquierda actual puede ser. Pero claro, tiene que lidiar con el problema de nos heredó Velasco, nos remarcó el Fujimorismo y nos remacharon los conservadores de derecha: ser de izquierda es ser o idiota o terrorista. Si no son idiotas los de derecha, ¿por qué lo serían los de izquierda? También los necesitamos y quizá los necesitemos un poco más. Ya es mucho el tiempo que se ha demorado nuestro país y nuestras autoridades en mirar con verdadera atención a la población menos favorecida. La izquierda nos las recuerda todo el tiempo. Ser de izquierda no significa ser socialista (Brasil, Chile). Pero sí significa cambiar los procesos de producción, el manejo de la distribución y la propiedad sobre la producción. Esto no es ser Cuba. La pregunta es ¿Humala lo puede hacer? Desde mi perspectiva, no. A la izquierda le falta un líder distinto y forjarse como ideología moderna, cohesionada, actual. El liderazgo de Humala me parece dudoso, conservador, revanchista. Insisto, hay que escucharlo y no satanizarlo. En el Perú siempre hacemos eso: a quien no nos gusta lo satanizamos y a quien sí, lo endiosamos. Su vinculación con la dictura chavista es más que conocida y es, claro está, un problema también. ¿Y Toledo? Ni izquierda ni derecha. “Economía con rostro social” dice su plan de gobierno. Virtudes: defender un modelo de proceso de producción intelectual-manual, de campo y urbano, extractivo y productivo. No hay un claro privilegio a una forma de propiedad respecto a estos procesos de producción pero sí hay una disposición a repensar los ingresos recibidos por la distribución para, justamente, que el chorreo se dé. De su gobierno, ya hay bastante dicho. Que fue un buen gobierno casi nadie lo cuestiona. No fue el mejor y hay deudas pendientes en el ámbito social. Pues sí, el primer gobierno de Toledo le apostó a otra forma de manejar la economía en el Perú, para ponerla en azul argumenta. Lo cierto es que Toledo, ideológicamente hablando no tiene de dónde cogerse. Ni chicha ni limonada. Quizá por eso aglomera a los que deseando un cambio no quieren desandar lo caminado. Pero, sin ser mezquinos, se trata de una propuesta seria avalada por gente técnica y capaz. Por suppuesto que hay sus quejas respecto a uno que otro elemento que lo acompaña, pero eso lo tienen todos. A nivel de propuesta, lo que veo de interesante en Toledo es el replanteo moderado de la práctica económica en nuestro país. Para quienes consideramos que sí, ahora, es el momento de que el Estado invierta en los menos beneficiados en la cadena de producción, para quienes creemos que el desarrollo implica fomentar la industria interna para no depender de economías foráneas, para quienes creemos en que las libertades ganadas no corren riesgo a su lado, que los poderes del Estado están al salvo tanto como la prensa, estamos de su lado. Y aún así, es él un tipo que colecciona defectos importantes: su frivolidad, su entorno familiar, su sobreexcitación triunfalista. No creo que sean poco importantes estos defectos. Pero, y lo digo con la mayor sinceridad posible, ni estoy eligiendo al hijo de puta más grande de la historia (quizá ese ya lo hemos tenido de presidente) ni al cura más célibe e inexistente del mundo. No soy ni cucufata ni típica limeña hipócrita. Sí, aquí los limeños somos muy buenos para algo: para ser falsos. Es un tipo curioso Toledo: se va de putas, se va de vacaciones, no cuestiona con toda la autoridad que debería a sus familiares impresentables y ama a Eliane. Pero vamos, Nadine es una de las mujeres más conservadoras que existen y nadie se lo critica a Humala. PPK se ha dedicado toda su vida profesional a ser lobbista, es decir, a tranzar con trasnacionales sobre los intereses privados ganados por el ingreso a mercados nacionales, entre ellos el nuestro. Nadie parece arañarse por eso y es bastante más grave, bastante más cuestionable moralmente que irse de putas. No le fue fiel a Eliane y tiene erecciones en un lugar que no es su casa o su cama. Miente al respecto y dice que lo doparon. Miente también PPK cuando dice que no ha sido lobista, miente cuando dice que no pasó nada allá en el gobierno de Belaunde, cuando dice que no posee empresas y que no trabajó para Fisrt Capital. Pero mucha gente no dice nada. “Es un gran empresario” dicen. Lo es, ha hecho muchos lobbies, legales por cierto. No es un pecado ser lobbista. Bien por él. Pero sí es un poco fresco que quiera gobernar un país que también ha sufrido los efectos de sus negociaciones. Toledo se fue de putas y parrandeando en el avión presidencial mientras tenía sueños húmedos con Lady Bardales. Pero no se dice nada del dinero mal habido con el que doña Keiko y toda la prole Fujimori estudiaron fuera del país. Robar, ahora resulta, no es un delito. Tener erecciones, sí. Si Eliane dijo que los pituquitos de miraflores eran unos inefables, el papá de Humala dijo que mataría a los gays. Pero ninguno de los dos gobernará jamás el Perú. Y si Humala no puede explicar de dónde tiene para solventar el nivel de vida que lleva y los ingresos nada despreciables de su conservadora esposa, esto no es peor que meter la mano en la hielera y excederse con el whisky etiqueta azul. No. Parece ser que a muchos, la promiscuidad de Toledo les revienta más que los robos de Keiko, las incongruencias de Humala y los negocios nada patrióticos de PPK. Y si PPK salió ebrio en el programa de Magaly, pues es un tío bacán. Y si dice “mierda” es un tipo con carácter. Pero siempre es peor Toledo y sus putas y sus juergas. Y si Toledo tuvo una hija que no quiso reconocer y que finalmente reconoció por presión mediática, sí, eso lo cuestiona y lo cuestiona seriamente. ¿Por qué no fuimos igual de críticos cuando la prensa mostró al último hijo de la dinastía bastarda de Alan García? No, claro, un pecadillo lo comete cualquiera. Termino con las palabras de Miro Quesada: bueno fuera que el principio de contradicción (la imposibilidad de aceptar A y no A a la vez y en el mismo sentido) sea un asunto que no trasciende la lógica de nuestro pensamiento, sin embargo, lo que es más relevante es que sus implicancias éticas nos deben obligar a hacernos cargo de nuestras decisiones con todo lo que ellas se comprometen. Para votar, se vote por quien se vote, hay que hacerse cargo de lo que ideológicamente estás comprando, socialmente estás avalando y moralmente estás permitiendo. Si nos regalan fósforos, nos bailan regetón y nos venden un candidato usando un cuy y no argumentos es porque así funcionamos nosotros los peruanos. Y cuando elegimos finalmente, como cuy en tómbola, por quién votaremos, tampoco sabemos qué compramos con nuestro voto. Elige, pero luego de defender eso que defiendes no te atrevas a decir que “el problema del Perú es su gente” sin incluirte antes en esa gente. Y saquemos esa náusea de nuestra vocabulario: “votar por el mal menor”. Si lo hacemos, es porque nos lo hemos buscado. No nos victimicemos. Quizá cuando empecemos a votar por el bien mayor, habremos hecho la paces con nuestro país. No es el bien mayor el candidato que más nos gusta, es el candidato que, desde lo ideológico, recoge nuestras creencias, desde lo social, incluye a quienes creemos no están incluidos. No voy a defender a Toledo desde lo moral ni decir que es nuestro salvador, es tan indefendible como todos los otros. Ya expresé que desde mi conocimiento de la realidad peruana (no tan amplio ni bueno como quisiera) es lo que engarza mejor. Igual, considero que hay que votar –siempre- no mirándonos en el espejo (clase media dependiente, intelectual, con acceso a crédito y demás beneficios del sistema) sino mirando a esos otros que son el país y de cuyo éxito depende tu éxito también.

martes, 7 de diciembre de 2010

Elegio de la lectura y la ficción de Mario Vargas LLosa

Fuente: El país


Me emociono profundamente el discurso de Mario Vargas Llosa, lo leí a unos minutos que lo pronunciara en Estocolmo, si lo leí ( más de cuatro veces) y fue más conmovedor que escucharlo, fue un discurso firme en si mismo, aquí no hay metodismo ni agradecimientos académicos, ya que quien escribe sabe que lo hace de la pura esencia de su vida y vivencias personales que lo acompañan desde que nació.




Creo que más de un peruano lo escucho emocionado, porque para todos su discurso recorre lo que es en si ser peruano, lo que nos marca y es solo nuestro, nuestros padres, nuestra historia, nuestra patria, nuestro amor, la realidad y la fantasía, el día a día, el trabajo, el aliento y la esperanza. Podremos irnos a vivir a cualquier parte del mundo pero la esencia del Perú se lleva aquí en el cada día que forjamos al lucharla en esta realidad que nos envuelve, es en el aquí y ahora como lo fue para Mario Vargas Llosa lo que lo hizo ser lo que es, un escritor peruano magnánimo que en el año 2010 le dio a los peruanos una de las alegrías mas grandes de su vidas , ganar el premio Nobel de Literatura y si es nuestro, de todos ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


En si el discurso es perfecto y conmovedor, pero comparto con ustedes los fragmentos que más me emocionaron.






© FUNDACIÓN NOBEL 2010




"La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.


(...)Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

(...)Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.



(...)La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.


(...) Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad.(...) Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante.




El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí. (...) Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé.


(...)El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.

(...)Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

(...)“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias.





(...)Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.



(...)La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.



Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.



Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.



Para descargar el discurso completo ir al siguiente link:



http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201012/07/cultura/20101207elpepucul_1_Pes_PDF.pdf

sábado, 6 de noviembre de 2010

Lady Warhol por Christopher Makos

Fotografía: Andy Wharhol en el lente de Christopher Makos


Para quienes tuvimos la experiencia de asistir a la exposición de la obra artística Pop Art de Andy Wharhol, presentada en el 2009 por el Centro cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú, este libro resultara interesante y nos hará descubrir un más allá intimo y personal de este icono y gran artista.


Disfrutenlo¡¡¡¡



Lady Warhol

El miércoles 3 de noviembre del 2010, se realizó en la ciudad de Madrid (España) la presentación en La Fábrica del libro Lady Warhol por Christopher Makos. Las fotografías más increíbles del mayor icono del arte del siglo XX en una inolvidable sesión que tuvo lugar en Nueva York 1981.


Un libro de gran formato, lujosamente editado, que ya se ha presentado el mes pasado con gran éxito en Nueva York. Aprovecha esta oportunidad para conocer a un mito de la fotografía que inmortalizó a Andy Warhol mostrando su lado más femenino.También te presentaremos un estuche exclusivo con el libro más una fotografía original en una edición seriada de 50 copias.

Para ver imagenes del libro hacer click aqui: http://www.lafabrica.com/presentaciones/


Fuente: la Librería de La Fábrica (Madrid).

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi ambición era mucho mayor que ganar el Nobel, era escribir buenas novelas_El País

Fotografía: El País


Los periodistas no aplauden. Según la definición clásica, cuentan a la gente lo que le pasa a la gente pero, discriminando entre información y opinión, no juzgan. Por eso no aplauden en las ruedas de prensa. Pero a veces ocurre. Hoy, por ejemplo. Pasado el mediodía, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) entró en el auditorio de la Casa de América de Madrid. Allí le esperaba una nube de flashes, micrófonos, cámaras, cuadernos y bolígrafos, algún ordenador y alrededor de 200 reporteros que rompieron a aplaudir en cuanto vieron al último premio Nobel de literatura.

"El mundo ha repetido su visita a Vargas Llosa", dijo Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, recordando las horas que siguieron en octubre pasado al anuncio del galardón más importante de las letras universales. Esta vez el motivo de la visita de decenas de medios de Europa y América Latina era la aparición de El sueño del celta, una novela con una tirada de medio millón de ejemplares (la mitad distribuidos en España) que hoy mismo ha desembarcado en 17 países de habla hispana, incluyendo el segundo mayor por el número de hablantes: Estados Unidos. Entre tanto, 22 editores y 20 lenguas extranjeras trabajan ya en la traducción de la nueva obra de un clásico vivo que además el próximo 10 de diciembre entrará, vía Estocolmo, en el Olimpo de los más grandes.

Cuando la representante de la radio de Suecia le preguntó si no tenía miedo a caer en el mismo silencio que agarrotó a muchos de los que le han precedido en el palmarés del Nobel, Vargas Llosa fue rotundo: "¡Ningún peligro! A mí la muerte me encontrará con la pluma en la mano". Poco antes había citado a su maestro, Flaubert: "Escribir es una manera de vivir".

Después de contar que el anunció del premio había interrumpido la redacción de La civilización del espectáculo, el ensayo en el que estaba trabajando cuando se levantó el "torbellino sueco". "A los veinte minutos de saberse, mi departamento se llenó de gente que no conocía; periodistas daneses, fineses". Esa pausa forzada era solo un presagio: "Mis horarios han saltado por los aires", explica, "aunque no me quejo, en el desequilibrio no me siento cómodo".

"Voy a seguir hablando como una cotorra", añadió. Y hoy habló y habló. Sólo guardó silencio sobre un asunto concreto: su discurso de recepción del Nobel. "Voy a guardar el secreto", dijo. Eso sí, aunque lleva cerca de un mes con la cabeza en las nubes -"duermo dos o tres horas al día"- no ha despegado un milímetro los pies del suelo. Por eso el galardón no ha frenado el impulso que le llevó siendo un veinteañero a escribir novelas como La ciudad y los perros o La casa verde. "Nunca estuvo entre mis aspiraciones literarias ganar el Premio Nobel. Mis ambiciones eran mayores: yo quería escribir buenas novelas", afirmó. "Mi ambición era que mis libros se leyeran como yo leía los libros que me cambiaron la vida".

Uno de esos libros decisivos fue El corazón de las tinieblas, y en una biografía de su autor, Joseph Conrad, Vargas Llosa se topó con una figura fascinante: Roger Casement. Diplomático británico nacido en el Ulster, su conversión al nacionalismo irlandés le llevó a conspirar con Alemania durante la Primera Guerra Mundial para dar el impulso definitivo a la independencia de Irlanda. Aquella conspiración dio con sus huesos en la cárcel londinense de Pentonville.

Ahí arranca El sueño del celta, el relato de las horas de celda de un hombre que recuerda la otra gran peripecia de su vida: sus días en el Congo y en la Amazonía peruana como testigo de los horrores -mutilaciones, asesinatos, prostitución, esclavitud- a los que los europeos sometían a los indígenas que trabajaban en la explotación del caucho. "Cuando desaparece la legalidad prevalece la ley del más fuerte y brota la barbarie", explicó Vargas Llosa. Casement encontró el horror donde pensaba encontrar cristianismo, comercio y civilización. "Fue tal vez el primer europeo en denunciar los crímenes del colonialismo", explicó el novelista. Hoy, sin embargo, apenas nadie lo recuerda ni en África ni en Perú. El escritor lo comprobó sobre el terreno cuando viajó a los escenarios de su novela. Allí comprobó también que buena parte de las situación actual del Congo viene de aquella "vertiginosa brutalidad": "Los descendientes de las víctimas todavía no han podido recuperarse".

Casement, un "héroe incómodo", vivió entre 1864 y 1916, y hoy la charla de Vargas Llosa se movió entre la crisis de aquellos años y la de ahora mismo. De todo lo preguntaron y de todo habló. Ya se tratara de la elecciones en Brasil -elogió la política interior de Lula y criticó su complacencia con regímenes autoritarios como el de Cuba- o en Estados Unidos - "el debate es si las políticas sociales deben pasar por el Estado o por la sociedad civil" en un país que tradicionalmente desconfía de la intervención estatal-. Habló también sobre la situación argentina tras la muerte de Néstor Kirchner -el mal del país tiene, para él, un nombre: peronismo, es decir populismo-, sobre la piratería de los libros -"fruto de la falta de conciencia de que la legalidad es la civilización", afirmó tras contar que su editor de Alfaguara Perú le dijo que por cada copia legal de sus libros se vendían siete ilegales-, sobre el nacionalismo -"una plaga que ha llenado de sangre la historia"- y hasta sobre sus aficiones como melómano -"en música soy más bien conservador, llego hasta Mahler", dijo con una sonrisa alguien que sabe que en política muchos le han puesto hace tiempo esa etiqueta-.

Esta tarde, a las 19.30, Mario Vargas Llosa seguirá hablando sobre su nueva novela, el premio Nobel, lo humano y lo divino. Lo hará con el periodista Iñaki Gabilondo en los Teatros del Canal de Madrid. Como muchos de sus libros, las intervenciones públicas del nuevo premio Nobel van más allá de los géneros al uso, son entrevistas, coloquios, ruedas de prensa, charlas magistrales y también algo más. Tal vez por eso a veces hasta los periodistas se lanzan a aplaudirle.

Una joya , un fragmento :El guardián entre el centeno

Fotografía: Flores de Almendro


El guardián entre el centeno (fragmento) de Jerome David Salinger


" Era un taxi viejísimo que olía como si alguien hubiera acabado de vomitar dentro. Siempre me toca uno de ésos cuando voy a algún lado de noche. Pero más deprimente todavía era que las calles estuvieran tan tristes y solitarias a pesar de ser sábado. Apenas se veía a nadie. De vez en cuando cruzaban un hombre y una mujer abrazados por la cintura, o una pandilla de tipos riéndose como hienas de algo que apuesto la cabeza a que no tenía la menor gracia. Nueva York es terrible cuando alguien se ríe de noche. La carcajada se oye a millas y millas de distancia, y hace que uno se sienta aún más triste y deprimido. En el fondo, lo que me hubiera gustado habría sido ir a casa un rato y charlar con Phoebe. Pero, en fin, como les iba diciendo, subí al taxi, y pronto el taxista empezó a darme un poco de conversación. Se llamaba Howitz y era mucho más simpático que el anterior. Por eso se me ocurrió que a lo mejor sabía lo de los patos.


-Dígame, Howitz -le dije-. ¿Pasa usted muchas veces junto al lago del Central Park ?
-¿ Qué ?
-El lago, sabe. Ese lago pequeño que hay cerca de Central South Park. Donde están los patos. ¿ Sabe, no?
-Sí. ¿ Qué pasa con ese lago ?
-¿ Se acuerda de esos patos que hay siempre nadando ahí ? Sobre todo en primavera. ¿ Sabe usted por casualidad dónde van en invierno ?
-Adónde va , quién ?
-Los patos. ¿ Lo sabe usted, por casualidad? ¿ Viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión o se van ellos por su cuenta al sur, o qué hacen ?
El tal Howitz volvió la cabeza en redondo para mirarme. Tenía muy poca paciencia, pero no era mala persona.
-¿ Cómo quiere que lo sepa? -me dijo-. ¿Cómo quiere que sepa semejante estupidez ?
-Bueno, no se enoje por eso.
-¿ Quién se enoja ? Nadie se enoja.
Decidí que si iba a tomarse las cosas tan a pecho, mejor era no hablar. Pero fue él quien sacó de nuevo la conversación. Volvió otra vez la cabeza en redondo y me dijo:
-Los peces son los que no se van a ninguna parte. Los peces se quedan en el lago. Esos sí que no se mueven. "

sábado, 30 de octubre de 2010

Vargas Llosa: "El nacionalismo es una de las peores fuentes de violencia"

Fotografía: Mario Vargas Llosa_ El País


MADRID.- "Abrumado" por las innumerables muestras de cariño que ha recibido tras ganar el Premio Nobel de Literatura , Mario Vargas Llosa se enfrenta ahora a la publicación de su nueva novela, "El sueño del celta" , en la que explora los límites de la maldad y reflexiona sobre los peligros del nacionalismo.

"El nacionalismo es una de las fuentes peores de la violencia", y está detrás de "las peores carnicerías que ha vivido la Historia moderna. Las dos guerras mundiales son producto del nacionalismo, y las grandes tragedias de América Latina también están motivadas por esta ideología", afirma Vargas Llosa a la agencia de noticias EFE.

Desde que la Academia Sueca lo encumbró el pasado 7 de octubre del 2010, Vargas Losa no para de recibir felicitaciones, y eso "ha sido como otro premio", dice este portentoso narrador, siempre apasionado al hablar de su oficio de escritor.

Esa pasión late en las 450 páginas de su nueva novela, en la que da una paso más en "La cartografía del poder" por la que le dieron el Nobel -a Vargas Llosa le gusta la fórmula que utilizó la Academia Sueca porque él considera su obra "una exploración del poder y sus estragos"-, y reivindica la figura del irlandés Roger Casement (1864-1916), un personaje "fascinante" donde los haya.

El fascinante Casement

Casement fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo de Joseph Conrad. Fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo en el Congo.

Su estremecedor informe sobre las atrocidades que allí se cometían con los nativos (Ediciones del Viento lo recupera ahora en "La tragedia del Congo") tuvo gran repercusión en la sociedad de su tiempo, como también sucedió con el que hizo tras su viaje a la Amazonía, para comprobar "in situ" los abusos sufridos por los indígenas del Putumayo, en la frontera entre Colombia y Perú.

Una biografía de Conrad le descubrió a Vargas Llosa la existencia de Casement, cuya trayectoria, dice a EFE, parece sacada "de una novela y, al mismo tiempo, es un personaje misterioso porque hay muchas partes de su vida que están en sombra y que son objeto de controversia".

"Eso a mí me estimuló porque me dejaba mucho campo para la invención, para la fantasía, para llenar todos esos huecos de su existencia", comenta el escritor, quien no duda en afirmar que en su nueva novela "hay más imaginación que historia", igual que sucedía, añade, en "La guerra del fin del mundo" y "La fiesta del chivo".

"Casement es un hombre fascinante y que representa algo infrecuente: por una parte es un héroe, un hombre que dedicó su vida a una causa muy justa; y, por otra, un ser humano con sus debilidades, errores y contradicciones", señala Vargas Llosa, que refleja con su habitual maestría las luces y sombras del personaje.

Y es que Casement "es una contradicción viviente desde que nace hasta que muere", subraya el autor de "La casa verde". Su dura experiencia en África y en la Amazonía lo llevó a ver cierta similitud entre el colonialismo de esas zonas y el que sufría Irlanda.
Dejó de ser pro británico y se convirtió en un independentista irlandés. Considerado un traidor por el Imperio Británico, fue condenado a muerte.

Mientras esperaba en la prisión la conmutación de la pena, la Inteligencia británica puso en circulación unos diarios, que ponían de relieve la homosexualidad de Casement y que estaban llenos de "obscenidades pestilentes".

Todavía es "un misterio" si estos diarios fueron "manipulados para difamar" a Casement. Fueran falsos o ciertos, la tesis de Vargas Llosa es que el cónsul británico "los escribió, pero no vivió todo lo que allí contaba". "Jamás hubiera podido ser por veinte años diplomático si hubiera hecho la décima parte de las cosas que cuenta en ellos", subraya.

Vargas Llosa derrocha entusiasmo al hablar de Casement. "Fue un gran luchador contra el colonialismo, el imperialismo, en una época en que todavía esas palabras tenían buena prensa. En Europa creían que el colonialismo llevaba la civilización a la barbarie, el cristianismo a la idolatría, y que llevaba la modernidad y prosperidad".

Pero en África se dio cuenta de que, "el colonialismo llevaba miseria, dolor y crueldad a un mundo primitivo, y que detrás de todo eso lo que había era una falta de legalidad y una codicia feroz", afirma Vargas Llosa, quien asegura que no ha "exagerado nada" al narrar las atrocidades que se cometieron en el Congo y en la Amazonía.

La evolución ideológica de Casement hacia el independentismo radical "debió de ser muy desgarradora para él".

Pero "era un hombre muy decente", y "rectificaba si la realidad le demostraba que estaba equivocado. Y en eso también es una persona bastante ejemplar, ¿no?", pregunta Vargas Llosa, antes de recalcar que el radicalismo "es uno de los peligros del nacionalismo".

"Yo creo que hay una cara del nacionalismo pacífica, democrática. Sin ninguna duda, hay partidos nacionalistas que juegan el juego democrático, que no son violentos, pero el nacionalismo en sí es una ideología que empuja hacia la violencia".

Y, si no, ¿por qué el nacionalismo ha sido la fuente de las peores carnicerías que ha vivido la Historia moderna?, concluye.
Fuente:Emol.com

El escritor Eric Faye gana el Gran Premio de Novela de Francia

Fotografía: Eric Faye

PARÍS.- El escritor Eric Faye ganó hoy el Gran Premio de Novela de Francia con el título "Nagasaki", una historia ambientada en Japón con la que el literato inaugura la lista de concesión de premios literarios del otoño en este país.

La obra por la que ha sido premiado, editada por Stock, cuenta la historia de un meteorólogo japonés, Shimura-san, que descubre que una mujer sin hogar habita en su propio domicilio desde hace meses y narra cómo se perturba su vida desde este insólito e inesperado hallazgo.

El protagonista, un hombre solitario y soltero en la cincuentena, descubre por medio de una cámara que ha instalado en su casa que una mujer habita en su hogar y ha logrado no ser descubierta durante mucho tiempo, pero la desaparición de alimentos la delata.

La novela es una forma de repasar la memoria que encierran los lugares y un resumen sobre la propia memoria, según la breve descripción que de la obra premiada hizo la editorial.

Faye, nacido en 1963, comenzó a escribir cuando tenía veinte años y obtuvo en 1999 el premio UNESCO-Françoise-Gallimard con "Croisière en mer des pluies". Es autor además de ensayos y relatos breves.

En "Nagasaki", el autor premiado por la Academia de Francia y que parte de un hecho real, cuenta la historia desde el doble punto de vista del hombre y posteriormente narra la vida de la mujer y de por qué decidió invadir el hogar del meteorólogo.

En la misma editorial el autor ha publicado varias de sus obras, entre ellas "Les cendres de mon avenir" (2001), "La durée d'une vie sans toi" (2003), "Mes trains de nuit" (2005), "Le syndicat des pauvres types" (2006), "L'homme sans empreintes" (2007) y "Nous aurons toujours Paris" (2009).

La obra de Faye sucede en la lista de premiados con este galardón a "Les onze", libro con el que el escritor Pierre Michon fue destacado el año pasado.
Fuente: Emol.com

Borges y Kafka unidos en una edición ilustrada tipográficamente

Fotografí: Borges y Kafka


Madrid, 24 oct (EFE).- Borges fue uno de los grandes admiradores de Kafka y uno de los principales difusores de su obra en castellano. Ahora estos dos grandes de la literatura universal han quedado unidos gracias a un libro ilustrado tipográficamente que incluye "La metamorfosis" y tres textos del autor de "El aleph".

Publicado por Nórdica, "Kafka Borges" es un objeto libro, un raro ejemplar artístico y experimental, ilustrado por la argentina Verónica Moretta y que encierra, además de "La metamorfosis", "La casa de Asterión", "Un sueño"y "El laberinto", de Borges.

El resultado de esta edición, limitada de 999 ejemplares, es un sueño laberíntico que invita al lector a perderse por el mundo de las letras, como objeto de arte, y por el universo imaginario de estos dos escritores que forman parte del canon de la literatura de todos los tiempos.

La diseñadora Verónica Moretta explica que la idea de ilustrar de manera poco convencional a estos dos autores juntos se le ocurrió por semejanzas, porque Borges había traducido en 1938 "La metamorfosis" de Kafka, en 1938, y en numerosas ocasiones mostró su admiración por el autor checo.

"Además -dice- temas como el laberinto, los espejos, el yo y el otro, los sueños, lo insólito, lo absurdo o las sorpresas son compartidos por los dos. Por eso los veo juntos".

Con una ilustración cercana a la corriente de vanguardia denominada "el letrismo", el libro es un objeto y un canto a la letra y a lo visual.

"El letrismo, a través de Isidore Isou, reveló el fin de la poesía de las palabras llegando a la poética de las letras y de los signos, y ese concepto me ha influido mucho en mi trabajo", añade la ilustradora.

En blanco y negro, el volumen se abre con un juego sobre el laberinto de Borges y de ahí en adelante los signos y las letras de todo tipo y forma, solas y acompañando a los textos, van formando toda una propuesta artística donde éstas sustituyen a las imágenes.

"Cada relato ha sido respetado en su totalidad. Cada palabra, cada signo de puntuación, están ubicados siguiendo fielmente el escrito original. Como ejemplo, 'El laberinto', de Borges; vemos cómo el autor va construyendo oración tras oración repitiendo exactamente las palabras de la primera en la segunda, y así sucesivamente hasta el final".

"La idea es -argumenta la diseñadora- troquelar el papel y así obtener la palabra de manera repetida aunque esté impresa una única vez. A medida que se lee la obra, se avanza a través de páginas caladas que representan visualmente un laberinto. Es probable que el lector esté obligado a retroceder y avanzar para poder comprender".

Este juego establece una complicidad que hace inevitable la sensación de estar encerrados en un laberinto.

Otro ejemplo que destaca Moretta está en "La metamorfosis" de Kafka, donde en la palabra "bastón" el asta de la letra N ha sufrido una modificación, que permite visualizar al lector un bastón, sin perder la posibilidad de leer esa palabra.

Todo un juego entre la realidad y su espejo que hubiera hecho las delicias de ambos mitos.

lunes, 25 de octubre de 2010

La técnica de César Aira _ Revista Ñ

Fotografía: César Aira

El escritor habló de su escritura al presentar "El error", su última obra, en España. "Ser previsible es lo peor que le puede pasar a un escritor", dijo.

Por MERCEDES BERMEJO

César Aira ansía la libertad de los artistas contemporáneos que pueden cambiar de formato con facilidad y por ello se decanta por una escritura "imprevisible" que se ha convertido en el sello de identidad del autor argentino, como una vez más pone de relieve en su nueva novela, "El error". Y así convencido de que "ser previsible es lo peor que le puede pasar a un escritor", Aira, uno de los escritores argentinos más prolíficos, avanza en su carrera literaria sin volver la mirada atrás y presenta en España su última obra, que llegará a América en los próximos meses.

Al buscar la génesis de esta novela, el escritor explica que "El error", al que el narrador se asoma desde la puerta de un ataúd que adorna la portada del libro, tiene que ver con su "técnica de escribir". "Si cometo un error, si una página me sale mal, nada de cambiarla sigo adelante y no la corrijo. A veces siguiendo adelante los errores se capitalizan y dejan de ser errores", indica Aira (Coronel Pringles, 1949). Y esta técnica, justifica el autor de más de una treintena de novelas, además de un buen número de traducciones, ensayos y cuentos, es lo que le da ese aire "un poco inesperado y sinuoso a lo que escribo".

"El error", basada en una experiencia real del autor, comienza con la visita de una pareja, con disputas cotidianas, a un jardín de un país exótico en el que se ubica un pabellón de esculturas. A partir de este escenario las historias se encadenan hasta darse la mano un bandolero -protagonista de una saga literaria que causa furor entre las mujeres de una prisión- con una mujer que huye tras creer haber asesinado a su marido y que a punto ha estado de librarse de la cadena perpetua.


Sin olvidar, el rol protagonista de la azarosa vida de un escultor que lo perdió todo. Y es que el arte es para César Aira una gran fuente de "sugerencias e inspiración", sobre todo las nuevas corrientes de arte contemporáneo, pese a que se confiesa un devoto de Velázquez y de "Las Meninas" por lo "extraño y "enigmático" del cuadro. "Vistas desde una mirada hostil estas corrientes (contemporáneas) pueden parecer extravagantes y provocativas, pero también tienen esa libertad de creación que a veces no falta a los escritores", asegura César Aira.

Cita entre sus artistas favoritos a los suizos Peter Fischli y David Weiss, y a todos aquellos que, explica, "migran de medio a medio, de formato a formato, que un día hacen un vídeo otro una instalación, un dibujo o un libro". "Yo me siento un poco así", asegura el escritor, que invita al lector a descubrir a través de la literatura una obra "mejor, peor o bastante mediocre, como las mías, pero con intenciones artísticas" y no a rehuir del entretenimiento y placer a través de "lo previsible".

Se decanta por la novela corta, por ser el género que le ofrece más libertad y por su "laxitud", porque, explica, a diferencia del poema o el cuento "no tiene una exigencia de calidad tan alta". El propio autor se inscribe en la corriente surrealista que aún se mantenía viva en Argentina en los años sesenta y pese a que Córtazar fue "un gran amor de juventud" considera sus maestros a Borges, Machado de Assis o César Vallejo.

César Aira, que ya prepara un nuevo trabajo sobre los indios de Argentina, aprovecha su visita a España para participar en el seminario que sobre arte contemporáneo y literatura se inaugurará mañana en la Casa Encendida de Madrid, donde intervendrá en su jornada de apertura. En cualquier caso, su pasión por el arte se queda sólo en "afición y en divertimiento", al considerar que tanto en la literatura como en la plástica o la escultura hay que "jugarse todo", de lo contrario "no cala", concluye.
Fuente: Revista Ñ

Del recuerdo de Cortázar a la soledad de América Latina_ Revista Ñ

Fuente: Archivo personal Cortazar


"El argentino que se hizo querer de todos". México, 12/2/94.

Fui a Praga por última vez en el histórico año de 1986, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. A la hora de dormir, a Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolongó hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas con papas heladas.

Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonious Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible (...) En las muchas veces que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta dos semanas antes de su muerte parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con que había nacido.

Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que causó su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente.

En La vuelta al día en 80 mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resistí a participar en lamentos y elegías por Cortázar. Preferí seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.


"La soledad de América Latina". Estocolmo, 8/12/1982


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que, sin embargo, parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos.(...) América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural.

¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a tres mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.

Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay setenta y cuatro millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York.

La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos y, entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino a la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me siento digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que, por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace treinta y dos años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra.

Fuente: revista Ñ

domingo, 24 de octubre de 2010

La escritura es una venganza...un desquite de la vida_ MVLL en el País

Fuente: El País_Mario Vargas Llosa


Esta es la historia de dos décadas, las que van desde el fracaso de su carrera política en Perú al éxito del Premio Nobel. Es la historia de un hombre que se sintió 'abandonado' por su pueblo, al que dedicó el sacrificio de dejar la literatura. Es la historia de cómo un fracaso lo convirtió en otro hombre. La escritura fue su desquite de la vida. Su venganza. Y es la historia de cómo Mario Vargas Llosa y sus hijos desnudan desde su residencia en Nueva York sus sentimientos durante las 48 horas que siguieron a la conquista del máximo galardón de las letras mundiales.


El día en que ganó el Nobel de Literatura alguien le llevó a Mario Vargas Llosa a Nueva York unos dulces de Arequipa (Perú), guargüeros.

Estaba feliz, era un premio para el Nobel. Los guargüeros son como unos pestiños rellenos; tienen la apariencia de algunas pastas italianas, y saben a dulce de leche. En ese sabor está su infancia, Arequipa entera.

En ese ambiente blanquecino del apartamento alquilado en uno de los edificios más altos de Columbus Circus (Nueva York), el autor de El pez en el agua parecía, en efecto, un pez en el agua. En el paraíso. Como en la infancia, mimado, agasajado. La infancia acabó cuando tenía 11 años y el padre (al que creía muerto) regresó a su vida. Muchos años después, esos dulces y el Nobel le llevan al paraíso que perdió cuando iba a atravesar la raya de la adolescencia. Ahora esos dulcecitos, que son como los que su abuela le hacía, le llevan a la ya tan lejana infancia.

O no tan lejana. El Nobel, de 74 años, tiene aquellos años incrustados en la memoria como el tiempo en que se hizo a casi todo. Ahí descubrió el amor absorbente por la madre, asimiló que no tenía padre, que este estaba en el cielo o que nunca existió, y descubrió la literatura en los libros que circulaban por la casa grande de la familia enorme con la que se crió.

En ese libro, El pez en el agua, se cuenta esa historia, sin la cual es improbable que alguien tenga una idea cabal de quién es de veras este hombre al que muchos aman y otros crucifican. Los que lo crucifican creen que es un reaccionario que cambió de rumbo y traicionó sus ideas izquierdistas de los años sesenta en que toda revolución tenía su asiento; los que le siguen amando o bien ya lo amaban en los sesenta y entendieron su evolución, o bien simplemente le han leído y saben que sobre esta literatura ahora avalada por el Nobel no valen los tópicos amasados con las ideologías.

Los suecos de la Academia, que parecía que nunca iban a aceptar que Vargas Llosa es uno de los grandes escritores del mundo, finalmente le concedieron el Nobel y además fueron muy explícitos sobre las razones del merecimiento: porque ha sido capaz de contar la cartografía (eso dijeron, cartografía) del poder para mostrar sus miserias y también para expresar la lucha, la revuelta, del hombre por la libertad.

A Vargas Llosa le divirtió mucho la palabra cartografía, pero le emocionó verdaderamente el resto de los argumentos. Comentó, ante un grupo de amigos a los que reunió en un bullicioso restaurante italiano de Nueva York: "¡Qué dirán mis críticos!". Enmudecerán. "¡Qué va! Quien está mudo soy yo".

No está mudo, claro que no; se despertó de aquellos catorce minutos de incertidumbre. Creyó que era una broma, como la que le gastaron hace años a Alberto Moravia, pero catorce minutos después le llegó la confirmación: era Premio Nobel de Literatura de 2010. Su hija Morgana, de 36 años, fotógrafa, lo vivió llorando en Lima, con sus dos hijas y con su esposo, Stefan; su hijo Gonzalo, de 43 años, diplomático, funcionario internacional destinado ahora por ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Santo Domingo, lo vivió viajando a Haití, y Álvaro, el periodista, de 44 años, escuchó la noticia "estupefacto, paralizado, y luego feliz" en la casa de Washington donde vive con su mujer, Susana, y sus tres hijos.

Las hijas de Gonzalo están en Suiza, en un internado. Todos los nietos ("tienes que añadir ahí a Jurema, mi perra", dice Álvaro, "que es como otro nieto"; desde Lima, salta Morgana: "¿Y por qué te olvidas de mi pobre D'Artagnan, que está tan viejito?") han vivido de manera peculiar esta noticia, que ha revolucionado la vida familiar de esta gente que come guargüeros allá donde se encuentren. La de los Vargas, gracias sobre todo a la capacidad aglutinadora de Patricia Vargas Llosa, la esposa que también fue (o es) prima, es una familia muy sólida, que celebra en unión los veranos y las navidades, que busca cualquier motivo para juntarse y que se apoya también en los tiempos difíciles. Patricia es la brújula de esta navegación familiar, y en tiempos de incertidumbre (cuando Álvaro y Mario riñeron por cuestiones políticas relacionadas con Perú) ella fue la que condujo el conflicto por las vías que permitían un civilizado, y emocionado, reencuentro. Este tuvo lugar en Miami, cuando a Álvaro le dieron un premio, meses después del desencuentro; el padre, la madre y otros miembros de la familia quisieron acompañar a Álvaro, y ahora este dice: "Fui el culpable", con la misma emoción con que vivió la reconciliación.

Así que aquí, en esta familia, todo se vive como un espectáculo tranquilo, pero bullicioso y coral. Y el Nobel iba a ser un terremoto que a todos les afectó de un modo distinto, pero que conmovió por igual a todos. Hablábamos de los nietos. Gonzalo cuenta que, cuando se supo que el abuelo había ganado el principal premio de las letras mundiales, su hija Ariadna, que tiene diez años, le expresó por teléfono su preocupación infantil. Como él, que tenía peores notas que Álvaro en la escuela, Ariadna no obtiene los mejores resultados, y el premio del abuelo la tenía inquieta. Le dijo al padre: "O sea que, como al abuelo le han dado ese premio, a lo mejor ahora los maestros me piden que saque mejores notas".

A Leandro, el hijo mayor de Álvaro, que tiene ahora 14 años, le preguntaron en la escuela si su abuelo era alguien especial. Y se escondió detrás del flequillo como quien quiere huir de un alud. "No, no es nadie especial", farfulló. Tímida como ese sobrino suyo, Morgana, que ha sido compañera nuestra en EL PAÍS, y que ha acompañado a su padre en algunas de las aventuras más arriesgadas (Irak, Israel, Palestina) o placenteras (los escenarios de El paraíso en la otra esquina) tuvo que superar su retraimiento público cuando sonó la noticia y ella era la única representante familiar que podía hacer declaraciones en Lima.

Para curarse de su timidez, la hija más chica de los Vargas se tuvo que tomar tres copas de champán, y sin palabras todavía hizo que todos los periodistas que se agolpaban ante la vivienda familiar limeña pasaran a brindar y a conversar en esa casa de paredes blancas desde la que se ve el mar violento de la costa que acaricia Barranco. La fiesta adquirió tal carácter que la abuela Olga, madre de Patricia, tía de Mario, de 93 años, abandonó su postración y su desgana ante el mundo, se vistió de nuevo, se puso un pañuelo vistoso en su cuello de persona mayor y empezó a hacer declaraciones ante todas las cámaras de todos los noticiarios.

Se animó tanto con la noticia y con la aglomeración que no solo lloró cada vez que se acordaba del éxito de su yerno el Nobel sino que se atrevió a decir que sí, que ella, como Carmen Balcells (su agente literaria), como Fernando de Szyslo, el artista, quizá el más antiguo amigo de Mario, como tantos otros que han estado siempre cerca, iría también a Estocolmo. Cómo no.

Le preguntó un periodista a doña Olga, a la que también llaman Olguita:

-¿Y ya tiene usted traje?

-Tenía. Pero hemos esperado tanto tiempo que ya está apolillado y tendré que comprarme otro.

Han pasado veinte años. "Es curioso", decía Álvaro, y también lo decía el propio interesado, Mario Vargas Llosa, "mucha gente está de acuerdo en decir que han pasado veinte años desde que mi padre merecía tener el Nobel. Veinte años". Quizá, concedió el hijo mayor, fue porque entonces Mario tuvo su gran derrota política, y a partir de entonces ya fue solo un escritor. Su obra hasta entonces, sin duda, merecía ya el galardón, comentamos nosotros. "Sí, pero si hubiera salido presidente", añadió Álvaro Vargas Llosa, "mi padre jamás hubiera obtenido el Nobel".

O sea que es cierto que le vino Dios a ver cuando se produjo esa derrota. Sí, esa es la opinión de Morgana. Y es la opinión de toda la familia, que por otra parte estuvo implicadísima en esa campaña electoral que tanto placer como dolor produjo en los Vargas, e incluso en Mario, que a veces parece inmune a la naturaleza de los desastres.



Fuente: El pais



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