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domingo, 24 de abril de 2011

Vargas Llosa: “Hoy los comisarios políticos reemplazaron a los inquisidores”

Fotografía: El país





Mario Vargas Llosa se irá de Buenos Aires con la satisfacción de haber dicho todo lo que se había propuesto y más, sin un solo incidente a lo largo de su estadía. La intervención de la presidenta Cristina Kirchner, cuando la controversia por su visita parecía desmadrarse, parece haber desalentado contrapuntos violentos.



Habituado a que sus declaraciones levanten polvareda, si bien en principio dijo que no se referiría al episodio que puso su visita al borde del naufragio, fiel a su genio abrió su conferencia magistral así: “Agradezco a los organizadores haber resistido las presiones de algunos colegas y adversarios de mis ideas políticas para desinvitarme. Y extiendo mi agradecimiento a la Presidenta, señora Cristina Fernández de Kirchner, cuya oportuna intervención atajó aquel intento de veto.” La llegada de Vargas Llosa a la Feria del Libro no pudo pasar desapercibida. Con dos motos de la Policía Federal y otro móvil de uniformados, el escritor llegó en un auto, al que seguía de cerca otro de civil por la calle Juncal (el ingreso menos conocido) hasta la Sala Jorge Luis Borges, donde tuvo lugar el acto. Advertidos, varios corrieron para saludarlo, pero el escritor ingresó sin contacto con el público.



El Nobel hizo gala de su genuino liberalismo durante su discurso La libertad y los libros : “No es sorprendente que los libros hayan despertado, a lo largo de la historia, la desconfianza, el recelo y el temor de quienes se creen dueños de las verdades absolutas, de todos los dogmáticos y fanáticos que han sembrado de odio y violencia en el curso de la civilización”.
Aplaudido con enjundia cada vez que condenó el dogmatismo y la censura y ponderó la libertad de expresión, afirmó que “los comisarios políticos han reemplazado en la vida moderna a los inquisidores de antaño”.



Arropado por los aplausos, continuó: “Vez que se ha apoderado de un gobierno un fanático religioso, ideológico o un caudillo megalómano que se cree dueño de la verdad absoluta, los libros se han visto sometidos a purgas para evitar que lo que ellos encarnan se divulgue y contradiga la


visión excluyente y autoritaria entronizada”.



Dentro de una historia de la censura, destacó: “En Latinoamérica tenemos dificultades para discernir entre la ficción y la realidad”.



Fue durante el diálogo posterior a su conferencia, con el periodista Jorge Fernández Díaz, que las palabras de Vargas Llosa encantaron a la audiencia cuando se introdujo en el territorio de la creación literaria. Habló sobre el proceso de escritura de varias de sus obras y contó anécdotas en las que hizo gala de sus dotes de narrador.



No se calló nada: ni la catástrofe de su primer matrimonio que contó con humor y fue celebrado por su esposa Patricia Llosa y su hijo Alvaro, desde la primera fila; ni sus primeros pasos en Cochabamba, donde vivió, ni las inseguridades que aún tiene cuando escribe, ni el agobio que le produce el Nobel, que si bien es sumamente gratificante, le priva de la disciplina que siempre tuvo para escribir.



La parte más vehemente de su charla fue cuando habló del liberalismo: “Asociar el liberalismo a la dictadura es una obscenidad . La libertad es indivisible y es la mejor defensa contra la violencia”, dijo.



Sobre la Argentina dijo: “Me conmueve y me desgarra.



¿Qué pasó con este país que a principios del siglo XX maravillaba al mundo? ” Y agregó que los errores “están evidentemente en el campo político. ¿Por qué entró la pobreza? ¿Por qué la crispación política? ¿Por qué tanta violencia? Este país ha perdido oportunidades extraordinarias. Algunos argentinos ven esto como una hostilidad, pero en realidad es solidaridad ”.



Hasta que el acto comenzó, sólo hubo entre los organizadores un instante de zozobra, cuando llegó Hebe de Bonafini, que dijo con serenidad: “Sólo quiero entregarle una carta en nombre de las Madres, porque él dice que es un defensor de la libertad de expresión”. Una gestión de las autoridades de la Fundación El Libro permitió unos minutos a solas entre Vargas Llosa y Hebe de Bonafini ( Ver: “Sin escrache...” ) Dentro de la sala se ubicaron en primera fila el periodista Joaquín Morales Solá, los escritores argentinos Abel Posse, Juan José Sebreli y Marcos Aguinis, junto a Jorge Edwards y el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi. También estuvieron Patricia Bullrich, el director del Centro Cultural de España, Ricardo Ramón; el especialista en legislación cultural José Miguel Onaindia; el presidente de la SADE, Alejandro Vaccaro; el psicoanalista José Abadi y el escritor Gustavo Nielsen, que quería que el peruano le firmara Conversación en la catedral , “uno de los diez mejores libros de la historia”. Pocos escritores, se comentaba ayer. Sobre todos quienes sabían que la invitación había sido extendida a un amplio arco.



Para el público –más de mil personas– que ayer escuchó al Nobel, las expectativas se vieron colmadas. La docente cordobesa María Carranza dijo que “fue muy claro y muy humano. Valió la pena venir a la Feria”.





Fuente: SUSANA REINOSO de Revista Ñ

lunes, 25 de octubre de 2010

La técnica de César Aira _ Revista Ñ

Fotografía: César Aira

El escritor habló de su escritura al presentar "El error", su última obra, en España. "Ser previsible es lo peor que le puede pasar a un escritor", dijo.

Por MERCEDES BERMEJO

César Aira ansía la libertad de los artistas contemporáneos que pueden cambiar de formato con facilidad y por ello se decanta por una escritura "imprevisible" que se ha convertido en el sello de identidad del autor argentino, como una vez más pone de relieve en su nueva novela, "El error". Y así convencido de que "ser previsible es lo peor que le puede pasar a un escritor", Aira, uno de los escritores argentinos más prolíficos, avanza en su carrera literaria sin volver la mirada atrás y presenta en España su última obra, que llegará a América en los próximos meses.

Al buscar la génesis de esta novela, el escritor explica que "El error", al que el narrador se asoma desde la puerta de un ataúd que adorna la portada del libro, tiene que ver con su "técnica de escribir". "Si cometo un error, si una página me sale mal, nada de cambiarla sigo adelante y no la corrijo. A veces siguiendo adelante los errores se capitalizan y dejan de ser errores", indica Aira (Coronel Pringles, 1949). Y esta técnica, justifica el autor de más de una treintena de novelas, además de un buen número de traducciones, ensayos y cuentos, es lo que le da ese aire "un poco inesperado y sinuoso a lo que escribo".

"El error", basada en una experiencia real del autor, comienza con la visita de una pareja, con disputas cotidianas, a un jardín de un país exótico en el que se ubica un pabellón de esculturas. A partir de este escenario las historias se encadenan hasta darse la mano un bandolero -protagonista de una saga literaria que causa furor entre las mujeres de una prisión- con una mujer que huye tras creer haber asesinado a su marido y que a punto ha estado de librarse de la cadena perpetua.


Sin olvidar, el rol protagonista de la azarosa vida de un escultor que lo perdió todo. Y es que el arte es para César Aira una gran fuente de "sugerencias e inspiración", sobre todo las nuevas corrientes de arte contemporáneo, pese a que se confiesa un devoto de Velázquez y de "Las Meninas" por lo "extraño y "enigmático" del cuadro. "Vistas desde una mirada hostil estas corrientes (contemporáneas) pueden parecer extravagantes y provocativas, pero también tienen esa libertad de creación que a veces no falta a los escritores", asegura César Aira.

Cita entre sus artistas favoritos a los suizos Peter Fischli y David Weiss, y a todos aquellos que, explica, "migran de medio a medio, de formato a formato, que un día hacen un vídeo otro una instalación, un dibujo o un libro". "Yo me siento un poco así", asegura el escritor, que invita al lector a descubrir a través de la literatura una obra "mejor, peor o bastante mediocre, como las mías, pero con intenciones artísticas" y no a rehuir del entretenimiento y placer a través de "lo previsible".

Se decanta por la novela corta, por ser el género que le ofrece más libertad y por su "laxitud", porque, explica, a diferencia del poema o el cuento "no tiene una exigencia de calidad tan alta". El propio autor se inscribe en la corriente surrealista que aún se mantenía viva en Argentina en los años sesenta y pese a que Córtazar fue "un gran amor de juventud" considera sus maestros a Borges, Machado de Assis o César Vallejo.

César Aira, que ya prepara un nuevo trabajo sobre los indios de Argentina, aprovecha su visita a España para participar en el seminario que sobre arte contemporáneo y literatura se inaugurará mañana en la Casa Encendida de Madrid, donde intervendrá en su jornada de apertura. En cualquier caso, su pasión por el arte se queda sólo en "afición y en divertimiento", al considerar que tanto en la literatura como en la plástica o la escultura hay que "jugarse todo", de lo contrario "no cala", concluye.
Fuente: Revista Ñ

Del recuerdo de Cortázar a la soledad de América Latina_ Revista Ñ

Fuente: Archivo personal Cortazar


"El argentino que se hizo querer de todos". México, 12/2/94.

Fui a Praga por última vez en el histórico año de 1986, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión, y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados. A la hora de dormir, a Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en qué momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolongó hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas con papas heladas.

Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonious Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible (...) En las muchas veces que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta dos semanas antes de su muerte parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con que había nacido.

Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez. Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que causó su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente.

En La vuelta al día en 80 mundos un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resistí a participar en lamentos y elegías por Cortázar. Preferí seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.


"La soledad de América Latina". Estocolmo, 8/12/1982


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que, sin embargo, parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos.(...) América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural.

¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a tres mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.

Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay setenta y cuatro millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York.

La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos y, entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino a la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me siento digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que, por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace treinta y dos años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra.

Fuente: revista Ñ

lunes, 11 de octubre de 2010

MVLL y los escritores o los escritores y MVLL

Fuente: Retratos MVLL


De todas las revista de literatura que me gusta leer, Revista Ñ publico este excelente articulo. Disfrutenlo ¡¡¡


Consenso entre los escritores del mundo

Juan Gelman
Escritor argentino. Entrevistado en Frankfurt por Ezequiel Martínez, del equipo de enviados especiales de Clarín.
“Me parece muy bien que se lo hayan otorgado. Cualquier premio al talento de alguien es bienvenido, y aunque uno no tenga afinidad con sus ideas políticas y sus posturas ideológicas, como en el caso de Vargas Llosa, eso no quita que sea un gran escritor”.
-¿Cree que es un reconocimiento demorado?
-Sí, claro que sí. Hace rato que se lo tendrían que haber dado.
-¿Es también un reconocimiento de la Academia Sueca a la literatura de América latina?
-No, francamente no. Creo que sólo se ha premiado a la literatura de Vargas Llosa.

Federico Jeanmaire
Escritor argentino, Premio Clarín 2009, entrevistado en Frankfurt por los enviados especiales.
“Yo creo que el Nobel últimamente se ha puesto un poquito más comercial. De hecho sale en estos días de la Feria de Frankfurt. Hace un tiempo “me separé” de Vargas Llosa, pero me alegro por Latinoamérica.

Daniel Divinsky
Editor argentino. Director de Editorial De la Flor.
“Lo pensé mucho y tengo sentimientos encontrados. Creo que podría haber sido peor. El primer Vargas Llosa le encantaba al primer Divinsky. Después no se gustaron tanto. Ni mencionar que me hubiera gustado que lo gane Gelman, por una multitud de motivos”.

Félix Bruzzone
Escritor argentino
“Me parece fenómeno. Es un autor de la c... de la lora, más allá de su posicionamiento político. También está bueno que se lo den a un latinoamericano”.

Junot Díaz
Escritor dominicano
“Como tipo, Vargas Llosa siempre me tocó como demasiado elitista y derechista. Por mi experiencia, mi política, como tipo no me cae muy bien. Cuando corrió para ser presidente de Perú tenía a su lado mucha gente y mucho grupo que a cualquiera le da miedo.
Pero por el otro lado el tipo ha trabajado muy, muy duro, ha escrito novelas, cuentos, ensayos muy geniales y libros de primer nivel. Nadie puede quitarle su trabajo literario”.


Carlos Fuentes
Escritor mexicano
“Me da una gran alegría, es un gran escritor de nuestra lengua y un escritor universal. Toda su obra es de una gran creatividad, todos sus libros forman una sola obra con distintas aristas”.

Amin Maalouf
Escritor libanés
“Es un premio muy merecido. Mario es el autor de una obra muy importante, que tiene muchas facetas tanto desde un punto de vista narrativo, como de la temática, la inventiva, la creatividad”.

Nélida Piñón
Escritora brasileña
“El es un gran escritor, que se destaca no sólo por su texto, sino también por su pensamiento independiente. Es una de las conciencias más agudas y autónomas de las Américas. Nunca dejó de decir lo que piensa”.

Juan José Millás
Escritor español
“La obra de Vargas Llosa es una de las grandes novelísticas del Siglo XX en español y está a la altura de la mejor novelística que podamos imaginar”.

Alvaro Mutis
Escritor colombiano
“Como novelista, Vargas Llosa es absolutamente genial, entonces está muy justificado todo lo que se haga en honor a él”.

Hernán Rivera Letelier
Escritor chileno
“Entre mis maestros siempre estuvo él también. Aluciné con ‘La casa verde’ y con ‘La ciudad y los perros’”.

Fuente: Revista Ñ