Mostrando entradas con la etiqueta Dark Vader de la Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dark Vader de la Literatura. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de diciembre de 2010

Elegio de la lectura y la ficción de Mario Vargas LLosa

Fuente: El país


Me emociono profundamente el discurso de Mario Vargas Llosa, lo leí a unos minutos que lo pronunciara en Estocolmo, si lo leí ( más de cuatro veces) y fue más conmovedor que escucharlo, fue un discurso firme en si mismo, aquí no hay metodismo ni agradecimientos académicos, ya que quien escribe sabe que lo hace de la pura esencia de su vida y vivencias personales que lo acompañan desde que nació.




Creo que más de un peruano lo escucho emocionado, porque para todos su discurso recorre lo que es en si ser peruano, lo que nos marca y es solo nuestro, nuestros padres, nuestra historia, nuestra patria, nuestro amor, la realidad y la fantasía, el día a día, el trabajo, el aliento y la esperanza. Podremos irnos a vivir a cualquier parte del mundo pero la esencia del Perú se lleva aquí en el cada día que forjamos al lucharla en esta realidad que nos envuelve, es en el aquí y ahora como lo fue para Mario Vargas Llosa lo que lo hizo ser lo que es, un escritor peruano magnánimo que en el año 2010 le dio a los peruanos una de las alegrías mas grandes de su vidas , ganar el premio Nobel de Literatura y si es nuestro, de todos ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


En si el discurso es perfecto y conmovedor, pero comparto con ustedes los fragmentos que más me emocionaron.






© FUNDACIÓN NOBEL 2010




"La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.


(...)Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.

(...)Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.



(...)La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.


(...) Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, enseñanzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocación como una disciplina, un trabajo y una terquedad.(...) Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante.




El amor al país en que uno nació no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espontáneo del corazón, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre sí. (...) Al Perú yo lo llevo en las entrañas porque en él nací, crecí, me formé, y viví aquellas experiencias de niñez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocación, y porque allí amé, odié, gocé, sufrí y soñé.


(...)El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.

(...)Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasión prohibida. La literatura dejó de ser un juego. Se volvió una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi razón de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperación, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que señala la salida del túnel, la tabla de salvación que lleva al náufrago a la playa.

(...)“Escribir es una manera de vivir”, dijo Flaubert. Sí, muy cierto, una manera de vivir con ilusión y alegría y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras díscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficción en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias.





(...)Llegar a sentir el vértigo al que nos conduce una novela en gestación, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, actúan, piensan, sienten y exigen respeto y consideración, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedrío sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasión, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada días, semanas y meses, sin cesar.



(...)La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.



Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.



Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.



Para descargar el discurso completo ir al siguiente link:



http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201012/07/cultura/20101207elpepucul_1_Pes_PDF.pdf

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi ambición era mucho mayor que ganar el Nobel, era escribir buenas novelas_El País

Fotografía: El País


Los periodistas no aplauden. Según la definición clásica, cuentan a la gente lo que le pasa a la gente pero, discriminando entre información y opinión, no juzgan. Por eso no aplauden en las ruedas de prensa. Pero a veces ocurre. Hoy, por ejemplo. Pasado el mediodía, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) entró en el auditorio de la Casa de América de Madrid. Allí le esperaba una nube de flashes, micrófonos, cámaras, cuadernos y bolígrafos, algún ordenador y alrededor de 200 reporteros que rompieron a aplaudir en cuanto vieron al último premio Nobel de literatura.

"El mundo ha repetido su visita a Vargas Llosa", dijo Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, recordando las horas que siguieron en octubre pasado al anuncio del galardón más importante de las letras universales. Esta vez el motivo de la visita de decenas de medios de Europa y América Latina era la aparición de El sueño del celta, una novela con una tirada de medio millón de ejemplares (la mitad distribuidos en España) que hoy mismo ha desembarcado en 17 países de habla hispana, incluyendo el segundo mayor por el número de hablantes: Estados Unidos. Entre tanto, 22 editores y 20 lenguas extranjeras trabajan ya en la traducción de la nueva obra de un clásico vivo que además el próximo 10 de diciembre entrará, vía Estocolmo, en el Olimpo de los más grandes.

Cuando la representante de la radio de Suecia le preguntó si no tenía miedo a caer en el mismo silencio que agarrotó a muchos de los que le han precedido en el palmarés del Nobel, Vargas Llosa fue rotundo: "¡Ningún peligro! A mí la muerte me encontrará con la pluma en la mano". Poco antes había citado a su maestro, Flaubert: "Escribir es una manera de vivir".

Después de contar que el anunció del premio había interrumpido la redacción de La civilización del espectáculo, el ensayo en el que estaba trabajando cuando se levantó el "torbellino sueco". "A los veinte minutos de saberse, mi departamento se llenó de gente que no conocía; periodistas daneses, fineses". Esa pausa forzada era solo un presagio: "Mis horarios han saltado por los aires", explica, "aunque no me quejo, en el desequilibrio no me siento cómodo".

"Voy a seguir hablando como una cotorra", añadió. Y hoy habló y habló. Sólo guardó silencio sobre un asunto concreto: su discurso de recepción del Nobel. "Voy a guardar el secreto", dijo. Eso sí, aunque lleva cerca de un mes con la cabeza en las nubes -"duermo dos o tres horas al día"- no ha despegado un milímetro los pies del suelo. Por eso el galardón no ha frenado el impulso que le llevó siendo un veinteañero a escribir novelas como La ciudad y los perros o La casa verde. "Nunca estuvo entre mis aspiraciones literarias ganar el Premio Nobel. Mis ambiciones eran mayores: yo quería escribir buenas novelas", afirmó. "Mi ambición era que mis libros se leyeran como yo leía los libros que me cambiaron la vida".

Uno de esos libros decisivos fue El corazón de las tinieblas, y en una biografía de su autor, Joseph Conrad, Vargas Llosa se topó con una figura fascinante: Roger Casement. Diplomático británico nacido en el Ulster, su conversión al nacionalismo irlandés le llevó a conspirar con Alemania durante la Primera Guerra Mundial para dar el impulso definitivo a la independencia de Irlanda. Aquella conspiración dio con sus huesos en la cárcel londinense de Pentonville.

Ahí arranca El sueño del celta, el relato de las horas de celda de un hombre que recuerda la otra gran peripecia de su vida: sus días en el Congo y en la Amazonía peruana como testigo de los horrores -mutilaciones, asesinatos, prostitución, esclavitud- a los que los europeos sometían a los indígenas que trabajaban en la explotación del caucho. "Cuando desaparece la legalidad prevalece la ley del más fuerte y brota la barbarie", explicó Vargas Llosa. Casement encontró el horror donde pensaba encontrar cristianismo, comercio y civilización. "Fue tal vez el primer europeo en denunciar los crímenes del colonialismo", explicó el novelista. Hoy, sin embargo, apenas nadie lo recuerda ni en África ni en Perú. El escritor lo comprobó sobre el terreno cuando viajó a los escenarios de su novela. Allí comprobó también que buena parte de las situación actual del Congo viene de aquella "vertiginosa brutalidad": "Los descendientes de las víctimas todavía no han podido recuperarse".

Casement, un "héroe incómodo", vivió entre 1864 y 1916, y hoy la charla de Vargas Llosa se movió entre la crisis de aquellos años y la de ahora mismo. De todo lo preguntaron y de todo habló. Ya se tratara de la elecciones en Brasil -elogió la política interior de Lula y criticó su complacencia con regímenes autoritarios como el de Cuba- o en Estados Unidos - "el debate es si las políticas sociales deben pasar por el Estado o por la sociedad civil" en un país que tradicionalmente desconfía de la intervención estatal-. Habló también sobre la situación argentina tras la muerte de Néstor Kirchner -el mal del país tiene, para él, un nombre: peronismo, es decir populismo-, sobre la piratería de los libros -"fruto de la falta de conciencia de que la legalidad es la civilización", afirmó tras contar que su editor de Alfaguara Perú le dijo que por cada copia legal de sus libros se vendían siete ilegales-, sobre el nacionalismo -"una plaga que ha llenado de sangre la historia"- y hasta sobre sus aficiones como melómano -"en música soy más bien conservador, llego hasta Mahler", dijo con una sonrisa alguien que sabe que en política muchos le han puesto hace tiempo esa etiqueta-.

Esta tarde, a las 19.30, Mario Vargas Llosa seguirá hablando sobre su nueva novela, el premio Nobel, lo humano y lo divino. Lo hará con el periodista Iñaki Gabilondo en los Teatros del Canal de Madrid. Como muchos de sus libros, las intervenciones públicas del nuevo premio Nobel van más allá de los géneros al uso, son entrevistas, coloquios, ruedas de prensa, charlas magistrales y también algo más. Tal vez por eso a veces hasta los periodistas se lanzan a aplaudirle.

sábado, 30 de octubre de 2010

Vargas Llosa: "El nacionalismo es una de las peores fuentes de violencia"

Fotografía: Mario Vargas Llosa_ El País


MADRID.- "Abrumado" por las innumerables muestras de cariño que ha recibido tras ganar el Premio Nobel de Literatura , Mario Vargas Llosa se enfrenta ahora a la publicación de su nueva novela, "El sueño del celta" , en la que explora los límites de la maldad y reflexiona sobre los peligros del nacionalismo.

"El nacionalismo es una de las fuentes peores de la violencia", y está detrás de "las peores carnicerías que ha vivido la Historia moderna. Las dos guerras mundiales son producto del nacionalismo, y las grandes tragedias de América Latina también están motivadas por esta ideología", afirma Vargas Llosa a la agencia de noticias EFE.

Desde que la Academia Sueca lo encumbró el pasado 7 de octubre del 2010, Vargas Losa no para de recibir felicitaciones, y eso "ha sido como otro premio", dice este portentoso narrador, siempre apasionado al hablar de su oficio de escritor.

Esa pasión late en las 450 páginas de su nueva novela, en la que da una paso más en "La cartografía del poder" por la que le dieron el Nobel -a Vargas Llosa le gusta la fórmula que utilizó la Academia Sueca porque él considera su obra "una exploración del poder y sus estragos"-, y reivindica la figura del irlandés Roger Casement (1864-1916), un personaje "fascinante" donde los haya.

El fascinante Casement

Casement fue cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX y amigo de Joseph Conrad. Fue uno de los primeros europeos en denunciar los horrores del colonialismo en el Congo.

Su estremecedor informe sobre las atrocidades que allí se cometían con los nativos (Ediciones del Viento lo recupera ahora en "La tragedia del Congo") tuvo gran repercusión en la sociedad de su tiempo, como también sucedió con el que hizo tras su viaje a la Amazonía, para comprobar "in situ" los abusos sufridos por los indígenas del Putumayo, en la frontera entre Colombia y Perú.

Una biografía de Conrad le descubrió a Vargas Llosa la existencia de Casement, cuya trayectoria, dice a EFE, parece sacada "de una novela y, al mismo tiempo, es un personaje misterioso porque hay muchas partes de su vida que están en sombra y que son objeto de controversia".

"Eso a mí me estimuló porque me dejaba mucho campo para la invención, para la fantasía, para llenar todos esos huecos de su existencia", comenta el escritor, quien no duda en afirmar que en su nueva novela "hay más imaginación que historia", igual que sucedía, añade, en "La guerra del fin del mundo" y "La fiesta del chivo".

"Casement es un hombre fascinante y que representa algo infrecuente: por una parte es un héroe, un hombre que dedicó su vida a una causa muy justa; y, por otra, un ser humano con sus debilidades, errores y contradicciones", señala Vargas Llosa, que refleja con su habitual maestría las luces y sombras del personaje.

Y es que Casement "es una contradicción viviente desde que nace hasta que muere", subraya el autor de "La casa verde". Su dura experiencia en África y en la Amazonía lo llevó a ver cierta similitud entre el colonialismo de esas zonas y el que sufría Irlanda.
Dejó de ser pro británico y se convirtió en un independentista irlandés. Considerado un traidor por el Imperio Británico, fue condenado a muerte.

Mientras esperaba en la prisión la conmutación de la pena, la Inteligencia británica puso en circulación unos diarios, que ponían de relieve la homosexualidad de Casement y que estaban llenos de "obscenidades pestilentes".

Todavía es "un misterio" si estos diarios fueron "manipulados para difamar" a Casement. Fueran falsos o ciertos, la tesis de Vargas Llosa es que el cónsul británico "los escribió, pero no vivió todo lo que allí contaba". "Jamás hubiera podido ser por veinte años diplomático si hubiera hecho la décima parte de las cosas que cuenta en ellos", subraya.

Vargas Llosa derrocha entusiasmo al hablar de Casement. "Fue un gran luchador contra el colonialismo, el imperialismo, en una época en que todavía esas palabras tenían buena prensa. En Europa creían que el colonialismo llevaba la civilización a la barbarie, el cristianismo a la idolatría, y que llevaba la modernidad y prosperidad".

Pero en África se dio cuenta de que, "el colonialismo llevaba miseria, dolor y crueldad a un mundo primitivo, y que detrás de todo eso lo que había era una falta de legalidad y una codicia feroz", afirma Vargas Llosa, quien asegura que no ha "exagerado nada" al narrar las atrocidades que se cometieron en el Congo y en la Amazonía.

La evolución ideológica de Casement hacia el independentismo radical "debió de ser muy desgarradora para él".

Pero "era un hombre muy decente", y "rectificaba si la realidad le demostraba que estaba equivocado. Y en eso también es una persona bastante ejemplar, ¿no?", pregunta Vargas Llosa, antes de recalcar que el radicalismo "es uno de los peligros del nacionalismo".

"Yo creo que hay una cara del nacionalismo pacífica, democrática. Sin ninguna duda, hay partidos nacionalistas que juegan el juego democrático, que no son violentos, pero el nacionalismo en sí es una ideología que empuja hacia la violencia".

Y, si no, ¿por qué el nacionalismo ha sido la fuente de las peores carnicerías que ha vivido la Historia moderna?, concluye.
Fuente:Emol.com

domingo, 24 de octubre de 2010

La escritura es una venganza...un desquite de la vida_ MVLL en el País

Fuente: El País_Mario Vargas Llosa


Esta es la historia de dos décadas, las que van desde el fracaso de su carrera política en Perú al éxito del Premio Nobel. Es la historia de un hombre que se sintió 'abandonado' por su pueblo, al que dedicó el sacrificio de dejar la literatura. Es la historia de cómo un fracaso lo convirtió en otro hombre. La escritura fue su desquite de la vida. Su venganza. Y es la historia de cómo Mario Vargas Llosa y sus hijos desnudan desde su residencia en Nueva York sus sentimientos durante las 48 horas que siguieron a la conquista del máximo galardón de las letras mundiales.


El día en que ganó el Nobel de Literatura alguien le llevó a Mario Vargas Llosa a Nueva York unos dulces de Arequipa (Perú), guargüeros.

Estaba feliz, era un premio para el Nobel. Los guargüeros son como unos pestiños rellenos; tienen la apariencia de algunas pastas italianas, y saben a dulce de leche. En ese sabor está su infancia, Arequipa entera.

En ese ambiente blanquecino del apartamento alquilado en uno de los edificios más altos de Columbus Circus (Nueva York), el autor de El pez en el agua parecía, en efecto, un pez en el agua. En el paraíso. Como en la infancia, mimado, agasajado. La infancia acabó cuando tenía 11 años y el padre (al que creía muerto) regresó a su vida. Muchos años después, esos dulces y el Nobel le llevan al paraíso que perdió cuando iba a atravesar la raya de la adolescencia. Ahora esos dulcecitos, que son como los que su abuela le hacía, le llevan a la ya tan lejana infancia.

O no tan lejana. El Nobel, de 74 años, tiene aquellos años incrustados en la memoria como el tiempo en que se hizo a casi todo. Ahí descubrió el amor absorbente por la madre, asimiló que no tenía padre, que este estaba en el cielo o que nunca existió, y descubrió la literatura en los libros que circulaban por la casa grande de la familia enorme con la que se crió.

En ese libro, El pez en el agua, se cuenta esa historia, sin la cual es improbable que alguien tenga una idea cabal de quién es de veras este hombre al que muchos aman y otros crucifican. Los que lo crucifican creen que es un reaccionario que cambió de rumbo y traicionó sus ideas izquierdistas de los años sesenta en que toda revolución tenía su asiento; los que le siguen amando o bien ya lo amaban en los sesenta y entendieron su evolución, o bien simplemente le han leído y saben que sobre esta literatura ahora avalada por el Nobel no valen los tópicos amasados con las ideologías.

Los suecos de la Academia, que parecía que nunca iban a aceptar que Vargas Llosa es uno de los grandes escritores del mundo, finalmente le concedieron el Nobel y además fueron muy explícitos sobre las razones del merecimiento: porque ha sido capaz de contar la cartografía (eso dijeron, cartografía) del poder para mostrar sus miserias y también para expresar la lucha, la revuelta, del hombre por la libertad.

A Vargas Llosa le divirtió mucho la palabra cartografía, pero le emocionó verdaderamente el resto de los argumentos. Comentó, ante un grupo de amigos a los que reunió en un bullicioso restaurante italiano de Nueva York: "¡Qué dirán mis críticos!". Enmudecerán. "¡Qué va! Quien está mudo soy yo".

No está mudo, claro que no; se despertó de aquellos catorce minutos de incertidumbre. Creyó que era una broma, como la que le gastaron hace años a Alberto Moravia, pero catorce minutos después le llegó la confirmación: era Premio Nobel de Literatura de 2010. Su hija Morgana, de 36 años, fotógrafa, lo vivió llorando en Lima, con sus dos hijas y con su esposo, Stefan; su hijo Gonzalo, de 43 años, diplomático, funcionario internacional destinado ahora por ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en Santo Domingo, lo vivió viajando a Haití, y Álvaro, el periodista, de 44 años, escuchó la noticia "estupefacto, paralizado, y luego feliz" en la casa de Washington donde vive con su mujer, Susana, y sus tres hijos.

Las hijas de Gonzalo están en Suiza, en un internado. Todos los nietos ("tienes que añadir ahí a Jurema, mi perra", dice Álvaro, "que es como otro nieto"; desde Lima, salta Morgana: "¿Y por qué te olvidas de mi pobre D'Artagnan, que está tan viejito?") han vivido de manera peculiar esta noticia, que ha revolucionado la vida familiar de esta gente que come guargüeros allá donde se encuentren. La de los Vargas, gracias sobre todo a la capacidad aglutinadora de Patricia Vargas Llosa, la esposa que también fue (o es) prima, es una familia muy sólida, que celebra en unión los veranos y las navidades, que busca cualquier motivo para juntarse y que se apoya también en los tiempos difíciles. Patricia es la brújula de esta navegación familiar, y en tiempos de incertidumbre (cuando Álvaro y Mario riñeron por cuestiones políticas relacionadas con Perú) ella fue la que condujo el conflicto por las vías que permitían un civilizado, y emocionado, reencuentro. Este tuvo lugar en Miami, cuando a Álvaro le dieron un premio, meses después del desencuentro; el padre, la madre y otros miembros de la familia quisieron acompañar a Álvaro, y ahora este dice: "Fui el culpable", con la misma emoción con que vivió la reconciliación.

Así que aquí, en esta familia, todo se vive como un espectáculo tranquilo, pero bullicioso y coral. Y el Nobel iba a ser un terremoto que a todos les afectó de un modo distinto, pero que conmovió por igual a todos. Hablábamos de los nietos. Gonzalo cuenta que, cuando se supo que el abuelo había ganado el principal premio de las letras mundiales, su hija Ariadna, que tiene diez años, le expresó por teléfono su preocupación infantil. Como él, que tenía peores notas que Álvaro en la escuela, Ariadna no obtiene los mejores resultados, y el premio del abuelo la tenía inquieta. Le dijo al padre: "O sea que, como al abuelo le han dado ese premio, a lo mejor ahora los maestros me piden que saque mejores notas".

A Leandro, el hijo mayor de Álvaro, que tiene ahora 14 años, le preguntaron en la escuela si su abuelo era alguien especial. Y se escondió detrás del flequillo como quien quiere huir de un alud. "No, no es nadie especial", farfulló. Tímida como ese sobrino suyo, Morgana, que ha sido compañera nuestra en EL PAÍS, y que ha acompañado a su padre en algunas de las aventuras más arriesgadas (Irak, Israel, Palestina) o placenteras (los escenarios de El paraíso en la otra esquina) tuvo que superar su retraimiento público cuando sonó la noticia y ella era la única representante familiar que podía hacer declaraciones en Lima.

Para curarse de su timidez, la hija más chica de los Vargas se tuvo que tomar tres copas de champán, y sin palabras todavía hizo que todos los periodistas que se agolpaban ante la vivienda familiar limeña pasaran a brindar y a conversar en esa casa de paredes blancas desde la que se ve el mar violento de la costa que acaricia Barranco. La fiesta adquirió tal carácter que la abuela Olga, madre de Patricia, tía de Mario, de 93 años, abandonó su postración y su desgana ante el mundo, se vistió de nuevo, se puso un pañuelo vistoso en su cuello de persona mayor y empezó a hacer declaraciones ante todas las cámaras de todos los noticiarios.

Se animó tanto con la noticia y con la aglomeración que no solo lloró cada vez que se acordaba del éxito de su yerno el Nobel sino que se atrevió a decir que sí, que ella, como Carmen Balcells (su agente literaria), como Fernando de Szyslo, el artista, quizá el más antiguo amigo de Mario, como tantos otros que han estado siempre cerca, iría también a Estocolmo. Cómo no.

Le preguntó un periodista a doña Olga, a la que también llaman Olguita:

-¿Y ya tiene usted traje?

-Tenía. Pero hemos esperado tanto tiempo que ya está apolillado y tendré que comprarme otro.

Han pasado veinte años. "Es curioso", decía Álvaro, y también lo decía el propio interesado, Mario Vargas Llosa, "mucha gente está de acuerdo en decir que han pasado veinte años desde que mi padre merecía tener el Nobel. Veinte años". Quizá, concedió el hijo mayor, fue porque entonces Mario tuvo su gran derrota política, y a partir de entonces ya fue solo un escritor. Su obra hasta entonces, sin duda, merecía ya el galardón, comentamos nosotros. "Sí, pero si hubiera salido presidente", añadió Álvaro Vargas Llosa, "mi padre jamás hubiera obtenido el Nobel".

O sea que es cierto que le vino Dios a ver cuando se produjo esa derrota. Sí, esa es la opinión de Morgana. Y es la opinión de toda la familia, que por otra parte estuvo implicadísima en esa campaña electoral que tanto placer como dolor produjo en los Vargas, e incluso en Mario, que a veces parece inmune a la naturaleza de los desastres.



Fuente: El pais



Para continuar leyendo la entrevista dar click aqui:



http://www.elpais.com/articulo/portada/escritura/venganza/desquite/vida/elpepusoceps/20101024elpepspor_9/Tes

lunes, 11 de octubre de 2010

MVLL y los escritores o los escritores y MVLL

Fuente: Retratos MVLL


De todas las revista de literatura que me gusta leer, Revista Ñ publico este excelente articulo. Disfrutenlo ¡¡¡


Consenso entre los escritores del mundo

Juan Gelman
Escritor argentino. Entrevistado en Frankfurt por Ezequiel Martínez, del equipo de enviados especiales de Clarín.
“Me parece muy bien que se lo hayan otorgado. Cualquier premio al talento de alguien es bienvenido, y aunque uno no tenga afinidad con sus ideas políticas y sus posturas ideológicas, como en el caso de Vargas Llosa, eso no quita que sea un gran escritor”.
-¿Cree que es un reconocimiento demorado?
-Sí, claro que sí. Hace rato que se lo tendrían que haber dado.
-¿Es también un reconocimiento de la Academia Sueca a la literatura de América latina?
-No, francamente no. Creo que sólo se ha premiado a la literatura de Vargas Llosa.

Federico Jeanmaire
Escritor argentino, Premio Clarín 2009, entrevistado en Frankfurt por los enviados especiales.
“Yo creo que el Nobel últimamente se ha puesto un poquito más comercial. De hecho sale en estos días de la Feria de Frankfurt. Hace un tiempo “me separé” de Vargas Llosa, pero me alegro por Latinoamérica.

Daniel Divinsky
Editor argentino. Director de Editorial De la Flor.
“Lo pensé mucho y tengo sentimientos encontrados. Creo que podría haber sido peor. El primer Vargas Llosa le encantaba al primer Divinsky. Después no se gustaron tanto. Ni mencionar que me hubiera gustado que lo gane Gelman, por una multitud de motivos”.

Félix Bruzzone
Escritor argentino
“Me parece fenómeno. Es un autor de la c... de la lora, más allá de su posicionamiento político. También está bueno que se lo den a un latinoamericano”.

Junot Díaz
Escritor dominicano
“Como tipo, Vargas Llosa siempre me tocó como demasiado elitista y derechista. Por mi experiencia, mi política, como tipo no me cae muy bien. Cuando corrió para ser presidente de Perú tenía a su lado mucha gente y mucho grupo que a cualquiera le da miedo.
Pero por el otro lado el tipo ha trabajado muy, muy duro, ha escrito novelas, cuentos, ensayos muy geniales y libros de primer nivel. Nadie puede quitarle su trabajo literario”.


Carlos Fuentes
Escritor mexicano
“Me da una gran alegría, es un gran escritor de nuestra lengua y un escritor universal. Toda su obra es de una gran creatividad, todos sus libros forman una sola obra con distintas aristas”.

Amin Maalouf
Escritor libanés
“Es un premio muy merecido. Mario es el autor de una obra muy importante, que tiene muchas facetas tanto desde un punto de vista narrativo, como de la temática, la inventiva, la creatividad”.

Nélida Piñón
Escritora brasileña
“El es un gran escritor, que se destaca no sólo por su texto, sino también por su pensamiento independiente. Es una de las conciencias más agudas y autónomas de las Américas. Nunca dejó de decir lo que piensa”.

Juan José Millás
Escritor español
“La obra de Vargas Llosa es una de las grandes novelísticas del Siglo XX en español y está a la altura de la mejor novelística que podamos imaginar”.

Alvaro Mutis
Escritor colombiano
“Como novelista, Vargas Llosa es absolutamente genial, entonces está muy justificado todo lo que se haga en honor a él”.

Hernán Rivera Letelier
Escritor chileno
“Entre mis maestros siempre estuvo él también. Aluciné con ‘La casa verde’ y con ‘La ciudad y los perros’”.

Fuente: Revista Ñ


domingo, 10 de octubre de 2010

El sueño Celta de Mario Vargas LLosa


Mario Vargas Llosa tiene ya lista su nueva novela, “El sueño del celta”, que saldrá a la venta el próximo 3 de noviembre. Aqui puede leer el primer capítulo del nuevo trabajo del Nobel de Literatura. El adelanto es del diario El País.

http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201010/07/cultura/20101007elpepucul_2_Pes_PDF.pdf

martes, 14 de septiembre de 2010

El lugar de la Memoria

Fotografia: El joven Mario Vargas Llosa


Excmo.
Señor Dr. Alan García Pérez
Presidente del Perú
Lima
Señor Presidente:

Por la presente le hago llegar mi renuncia irrevocable a la Comisión Encargada del Lugar de la Memoria cuya Presidencia tuvo usted a bien confiarme y que acepté convencido de que su gobierno estaba decidido a continuar el perfeccionamiento de la democracia peruana tan dañada por los crímenes y robos de la dictadura de Fujimori y Montesinos.

La razón de mi renuncia es el reciente Decreto Legislativo 1097 que, a todas luces, constituye una amnistía apenas disfrazada para beneficiar a buen número de personas vinculadas a la dictadura y condenadas o procesadas por crímenes contra los derechos humanos -asesinatos, torturas y desapariciones-, entre ellos al propio exdictador y su brazo derecho. La medida ha indignado a todos los sectores democráticos del país y a la opinión pública internacional, como lo muestran los pronunciamientos del Relator de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Conferencia Episcopal, la Defensoría del Pueblo y representantes de numerosas organizaciones sociales y políticas, entre ellos algunos congresistas apristas. Coincido plenamente con estas protestas.

Hay, a mi juicio, una incompatibilidad esencial entre, por una parte, auspiciar la erección de un monumento en homenaje a las víctimas de la violencia que desencadenó el terrorismo de Sendero Luminoso a partir de 1980 y, de otra, abrir mediante una triquiñuela jurídica la puerta falsa de las cárceles a quienes, en el marco de esa funesta rebelión de fanáticos, cometieron también delitos horrendos y contribuyeron a sembrar de odio, sangre y sufrimiento a la sociedad peruana.

Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas.

Pese a haber sido reñidos adversarios políticos en el pasado, en las últimas elecciones voté por usted y exhorté a los peruanos a hacer lo mismo para evitar al Perú una deriva extremista que nos hubiera empobrecido y desquiciado. Y he celebrado públicamente, en el Perú y en el extranjero, su saludable rectificación ideológica, en política económica sobre todo, que tan buenas consecuencias ha tenido para el progreso y la imagen del Perú en estos últimos años. Ojalá tenga usted el mismo valor para rectificar una vez más, abolir este innoble decreto y buscar aliados entre los peruanos dignos y democráticos que lo llevaron al poder con sus votos en vez de buscarlos entre los herederos de un régimen autoritario que sumió al Perú en el oprobio de la corrupción y el crimen y siguen conspirando para resucitar semejante abyección.

Lo saluda atentamente,

Mario Vargas Llosa