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jueves, 31 de marzo de 2011

César Vallejo en sus cartas




César Vallejo en sus cartas JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD 26/03/2011



Soy muy adicto al género epistolar, esa mudable parcela de la literatura que ha dejado de practicarse hace ya años. Creo que sus últimos cultivadores fueron los que ya andan instalados, como yo, en el arrabal de senectud. Ahora nadie o casi nadie escribe cartas, a no ser que lo haga a través de los artificios electrónicos, cosa que por definición neutraliza lo que esos escritos tenían de pausado y confidencial despliegue de ideas. Algunos de los epistolarios últimamente editados -con el de Juan Ramón Jiménez a la cabeza- desmienten con creces esos apresurados juicios que los tildaban de literatura efímera. La presente edición de la correspondencia de César Vallejo es una prueba más del muy notable repertorio de datos que proporcionan las cartas para completar la imagen de un escritor.



Esta Correspondencia completa, cuyo título resulta más bien temerario, reúne hasta un total de 242 cartas, aparte de otros documentos menores, siendo las más numerosas las dirigidas a la familia, a Pablo Abril de Vivero, a Juan Larrea y a Gerardo Diego. Cierto que el propio compilador reconoce en su 'Introducción' que hay cartas que no han podido ser allegadas, por lo que aún resulta más infundado el calificativo del título. Cabe preguntarse, además, si existe algún epistolario que se pueda considerar completo. Imposible saber el cómputo exacto de cartas que alguien ha escrito durante toda su vida y el número de las inencontrables por algún motivo.



La presente edición, preparada con fervorosa solvencia por Jesús Cabel, cumple en cualquier caso con el muy provechoso cometido de facilitarnos no pocas claves de la peripecia humana y literaria de César Vallejo. Son escritos que informan adecuadamente sobre su difícil vida, a duras penas localizada entre Lima, París y Madrid. Por ahí anda el poeta retocando su propio retrato: la figura heroica de quien descoyuntó la estética del pasado en beneficio de la ética del porvenir, la imagen combativa, menesterosa, solidaria, tierna, errática, de ese emisario de su propia vida que también quería cambiar la vida, la ejemplaridad de quien sufrió toda clase de penurias y nos legó una poesía espléndida.



Resulta esclarecedor remitir las experiencias poéticas de Vallejo a las experiencias personales vertidas en estas cartas. Procedente del modernismo, del simbolismo, el autor de Trilce llega a los ismos de entreguerras sin ninguna voluntad de acatamiento. Los frecuenta y los rebasa en un viraje que afecta a cualquier otro viraje de la poesía escrita en español por aquellos años. Un áspero flujo verbal, como de filo mellado, entretejido de neologismos, frases hechas, discordancias léxicas y sintácticas, posibilitan paradójicamente el equilibrio de un raro y prodigioso linaje poético. El escenario doméstico, el paisaje triste de la memoria son sometidos a toda clase de tensiones gramaticales hasta que desaparecen las marañas retóricas para dejar paso a una poesía absolutamente límpida. Ese puede ser otro de sus secretos: la armonía surgiendo del desorden. Algo que también se deduce del propio recuento de infortunios, querencias humanas, desvelos políticos testimoniados en estas cartas.



Correspondencia completa. César Vallejo. Jesús Cabel (editor). Pre-Textos. Valencia, 2011. 380 páginas. 22 euros. Fuente: El Pais

martes, 14 de septiembre de 2010

El lugar de la Memoria

Fotografia: El joven Mario Vargas Llosa


Excmo.
Señor Dr. Alan García Pérez
Presidente del Perú
Lima
Señor Presidente:

Por la presente le hago llegar mi renuncia irrevocable a la Comisión Encargada del Lugar de la Memoria cuya Presidencia tuvo usted a bien confiarme y que acepté convencido de que su gobierno estaba decidido a continuar el perfeccionamiento de la democracia peruana tan dañada por los crímenes y robos de la dictadura de Fujimori y Montesinos.

La razón de mi renuncia es el reciente Decreto Legislativo 1097 que, a todas luces, constituye una amnistía apenas disfrazada para beneficiar a buen número de personas vinculadas a la dictadura y condenadas o procesadas por crímenes contra los derechos humanos -asesinatos, torturas y desapariciones-, entre ellos al propio exdictador y su brazo derecho. La medida ha indignado a todos los sectores democráticos del país y a la opinión pública internacional, como lo muestran los pronunciamientos del Relator de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Conferencia Episcopal, la Defensoría del Pueblo y representantes de numerosas organizaciones sociales y políticas, entre ellos algunos congresistas apristas. Coincido plenamente con estas protestas.

Hay, a mi juicio, una incompatibilidad esencial entre, por una parte, auspiciar la erección de un monumento en homenaje a las víctimas de la violencia que desencadenó el terrorismo de Sendero Luminoso a partir de 1980 y, de otra, abrir mediante una triquiñuela jurídica la puerta falsa de las cárceles a quienes, en el marco de esa funesta rebelión de fanáticos, cometieron también delitos horrendos y contribuyeron a sembrar de odio, sangre y sufrimiento a la sociedad peruana.

Ignoro qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno y dar razón a quienes lo acusan de haber pactado en secreto una colaboración estrecha con los mismos fujimoristas que lo exiliaron y persiguieron durante ocho años. En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país, precisamente en un periodo excepcionalmente benéfico para el desarrollo y durante un proceso electoral que debería servir más bien para reforzar nuestra legalidad y nuestras costumbres democráticas.

Pese a haber sido reñidos adversarios políticos en el pasado, en las últimas elecciones voté por usted y exhorté a los peruanos a hacer lo mismo para evitar al Perú una deriva extremista que nos hubiera empobrecido y desquiciado. Y he celebrado públicamente, en el Perú y en el extranjero, su saludable rectificación ideológica, en política económica sobre todo, que tan buenas consecuencias ha tenido para el progreso y la imagen del Perú en estos últimos años. Ojalá tenga usted el mismo valor para rectificar una vez más, abolir este innoble decreto y buscar aliados entre los peruanos dignos y democráticos que lo llevaron al poder con sus votos en vez de buscarlos entre los herederos de un régimen autoritario que sumió al Perú en el oprobio de la corrupción y el crimen y siguen conspirando para resucitar semejante abyección.

Lo saluda atentamente,

Mario Vargas Llosa